lunes, 11 de julio de 2022

LOGOS

Luis Echeverría Álvarez

¿POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS?

        John Donne (1572-1631), primero católico y después anglicano, uno de los grandes oradores londinenses, en uno de sus profundos sermones poco antes de morir dijo: “Ningún hombre es una isla, ni se basta a sí mismo; todo hombre es parte del continente, parte del todo. Si una porción de tierra fuera desgajada por el mar, Europa entera se vería menguada, como ocurriría con un promontorio, con la casa de tu amigo o la tuya: la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque soy parte de la humanidad; así, nunca pidas a alguien que pregunte, por quién doblen las campanas; están doblando por ti.”

        Luis Echeverría Álvarez fue presidente de los Estados Unidos Mexicanos de 1970 a 1976, y hace días murió teniendo la edad de 100 años y casi 6 meses.

        Ni duda cabe que fue un presidente poderoso, de sueños populistas, el más trabajador de los presidentes del siglo XX y lo que va del siglo XXI, un dínamo de actividad inusitada, mañana, tarde y noche, en todo el territorio nacional y fuera de él.

        Nadie puede acusarlo de flojera; y el que es prolijo en el hacer, suele equivocarse en abundancia. Nunca estuvo quieto ni cansado, y era agresivo en la lucha contra los extremos, aunque éstos formaran parte de su personalidad, lo que le ocasionaba contradicciones profundas y ocultas.

        Era un emprendedor nervioso, pero con una quieta vista de observador. Atento escucha, con una mirada perdida. Del extremo silencio al que por burocráticos años estuvo confinado, pasó al verbalismo extremo esgrimido en el ejercicio de su poder. Transcurría de la serenidad profunda a la explosiva carcajada de su rostro.

        Echeverría, como presidente, quedó seducido por un grupo de jóvenes de palabra fácil y sugestiva, pero de inexperiencia atroz y aventurera.

        Llegó a hablar en demasía del contraste existente entre los ricos y los pobres; y dentro de los pliegues de su alma sacó un escondido y extravagante deliro: reformar a los ricos a través de prédicas belicosas.

        Los ricos en respuesta le impusieron la humillación de severos castigos, que supo soportarlos con gran dignidad, pero llevó al pueblo al sufrimiento, pasando de ser populista, a ser antipopular.

        Tuvo una terca inclinación por hacer siempre lo desusual. Si antes el presidente iba en automóvil de lujo, Echeverría iba a pie. Si antes el presidente leía, en su mandato siempre improvisaba. Si antes el presidente cuidaba su vestir, el se presentaba en guayabera hasta en ceremonias tradicionalmente formales. Si antes en las comidas oficiales se daban vinos, él daba aguas frescas de sabor. Si antes la sucesión presidencial se hacía en forma discreta, el dispuso que se abriera el telón para que todo el pueblo viera.

        Fue Echeverría un predicador encolerizado, lanzó mensajes de fondo asertivo, pero en su mayoría ineficaces por la ausencia de aplicabilidad práctica, o por la desacertada ineficacia de su instrumentación.

        Todos los presidentes de México han tenido sus luces y sus sombras, y son producto de la realidad nacional, la que hace más efecto en ellos, que ellos en ella.

        Poco antes de dejar el poder Echeverría, afirmó: “Hay siempre en la naturaleza humana, un sentimiento de soledad”.

        Su lema fue: “¡Arriba y adelante!”; y hoy sabemos que eso de “arriba” no fue tan alto, y que eso de “adelante” no fue tan lejos.

        El actual presidente de México, afín caricatura del presidente Echeverría, a la muerte de éste, y siendo el pasado domingo día de la oración por la paz, debió preguntarse: “Por quién doblan las campanas”, y quizá responder: “están doblando por mí”.

 


lunes, 4 de julio de 2022

LOGOS

Dos Bocas

Y MÁS DE UN CENTENAR DE MENTIRAS

        Recientemente, en la Inauguración de la Refinería “Olmeca” en el Puerto de Dos Bocas, hicieron uso de la palabra el gobernador de Tabasco, el director de PEMEX, el director de CFE, la secretaria de Energía, y el presidente de México.

        Desde luego que se dijeron algunas verdades, enteras o a medias, pero todos los oradores participantes se pronunciaron más a favor de las mentiras.

        Obvio que la figura presidencial fue la destacada en todo.

        Se programó, dicha refinería, para que costara (inicialmente en el año 2018) 8 mil millones de dólares.

        Ahora, en la supuesta inauguración (julio del 2022) se ha gastado 18 mil millones de dólares.

        Y aún no refinará petróleo, para obtener dísel, gasolinas, gas y combustóleo. No existiendo fecha fija para esa producción.

        Sin embargo, asegura el presidente que esto nos hará autosuficientes, y serán del “pueblo” todas las refinerías.

        Aunque ahí mismo, en esa ceremonia en donde se inauguró lo poco inaugurable, se firmaron convenios con varias compañías extranjeras, en donde PEMEX y CFE tienen exclusivamente el 10% o el 15% de las acciones.

        Eso no es autosuficiencia, ya que dependeremos por mucho tiempo de esas compañías internacionales.

        Parece que dejamos a las empresas españolas (sin contaminación) para caer en manos de las estadunidenses (con contaminación). Del sartén saltamos hacia las brasas.

        Nuestros productos de refinación (con la participación extranjera) cuando los tengamos, serán sólo dirigidos al consumo interno; bienes ya transformados en nuestras 8 refinerías, incluyendo la de Dos Bocas y la que se compró hace poco en EU, y que aún no se paga totalmente, nos dará sólo el porcentaje de nuestras acciones

        Y nuestra soñada autosuficiencia será un buen propósito, pero no una realidad.

        La verdad es que en Dos Bocas se tienen trabajando a 25 mil 500 seres humanos; pero, cuando se termine, ya sea en el año 2024, 2026, o en el 2030, la refinería ocupara nada más 1 mil 500 trabajadores.

        Así que desde ahora hay que proyectar en dónde se van a ocupar los 24 mil obreros restantes.

        Pero la retórica del presidente autócrata se recalentó y dijo: “Nuestra autosuficiencia mexicana debemos llevarla a todo. Debemos ser autosuficientes en alimentos, no sólo del campo, sino industrializarlos. Todo tenemos que producirlo.”

        Se oye bien como intención ingenua, que nos conduciría a aislarnos totalmente del mundo. No habría comercio internacional, sólo nacional. No existiría la libre concurrencia y, al final, buscando ser fuertes, lograríamos ser más débiles.

        Y al hervir el cerebro del máximo líder, éste aseguró: “En 2024 se harán ciertos, totalmente, los derechos a la salud y a la educación plena en todo el país.”

        Más con esa acalenturada oratoria afirmó: “en lo que resta de mi gobierno habremos plantado 1 un mil 80 millones de árboles”, cuando nuestro territorio sólo tiene 2 millones de kilómetros cuadrados, y 130 millones de habitantes.

        Decir mentiras no aporta nada bueno. “Los programas sociales atrevidos” no deben ser del pico para fuera. La acción verdadera, y discreta, es la mejor política.

 


martes, 28 de junio de 2022

LOGOS

Nos ofreció sueños

Y NOS ENTREGA PESADILLAS

        Cuando un presidente regala, hoy, el dinero del erario con propósitos electorales, está sembrando, para la nación, el hambre del mañana.

        La economía mexicana está teniendo uno de sus peores momentos. La inflación se encuentra imparable; sólo la rebasa la trágica inseguridad pública que padecemos.

        Nuestros peligrosos problemas, siendo un asunto interno, se han convertido en noticias internacionales.

        El papa Francisco ha clamado, y reclamado, desde El Vaticano: “Estoy consternado por tantos asesinatos en México, que causan un sufrimiento inútil. Estoy cerca, en afecto y oración, de la comunidad católica que sobrelleva está tragedia”.

        Lo que pasa es que esa tragedia no es exclusiva de los católicos. Esta desventura no es únicamente para los 130 millones de mexicanos, sino que la estamos exportando y compartiendo con la población de muchos países.

        Los abrazos decretados por el presidente Andrés Manuel López Obrador como el eje de la política mexicana de seguridad pública, se convierten en balazos asesinos que matan en territorio nacional, y también allende de nuestras fronteras.

        Y por más que el presidente les eche la culpa a sus antecesores, el recurso de los proclamados abrazos ha provocado más delitos y asesinatos que los viejos balazos.

        Lo balazos y los abrazos, tan opuestos entre sí, han sido tan inútiles como perversos. Tan malo el pinto como el colorado.

        No olvidemos que los padecimientos naturales y sociales se encuentran globalizados, frente a los ojos de provincianos tabasqueños, ante la mirada de rancheros sonorenses, o delante a la vista de pueblerinos del bajío.

        La mundialización, más la masividad poblacional del planeta, están induciendo una excitación migratoria en todos los continentes de la Tierra.

        Emigran de países pobres, inseguros y violentos, por razones obvias. Pero, también, emigran mexicanos dentro de nuestro territorio, por esos mismos motivos de hambre, violencia e inseguridad.

        Inmigran, todos los que lo logran, a sitios más seguros, pacíficos y con mayores posibilidades de desarrollo económico.

        De agrandarse las olas migratorias en todo el mundo, aceleraríamos el mestizaje global, en todos los órdenes, y se aplicaría velocidad a cambios económicos impredecibles, más si se generan guerras y/o se descompusiera el medio ambiente que nos permite la vida en el planeta.

        De cara a todo ello, nuestro actual presidente mexicano no da el ancho ni el largo ni la exacta medida del líder requerido.

        Él sólo sabe de cosas electoreras. El cómico caso del famoso avión presidencial lo pinta de cuerpo entero. No sabemos si lo rifó o no lo rifó. Ignoramos si lo vendió o no lo vendió. Si lo regaló o no lo regaló.

        Ese avión se ha convertido en el símbolo de su ineptitud. Costó mucho en tiempos de sus antecesores, pero ha costado más “en los tiempos de austeridad” de Andrés Manuel López Obrador.

        Y como en los juegos infantiles: “Ahí está un avión presidencial cargado de… tontejez”.  

        Sin embargo, para lo electorero, Amlo nos ofrece sueños, y nos entrega pesadillas.



lunes, 20 de junio de 2022

LOGOS

Cambios profundos

O EXPLOTA LA CLOACA

        Sólo como pretexto, y cobertura, el presidente actual de México usa la palabra “pueblo”.

        Por eso la supremacía del señor presidente está sostenida con alfileres.

        Realmente, los cambios profundos de un país vienen desde abajo. La capacidad del líder, individualmente hablando, debe auxiliar para que esas necesidades insondables broten en forma positiva y útil.

        Todo para el efecto de ir solucionado de raíz cada grave problema que aqueja a la sociedad, constituida por individuos que piensan, se expresan y actúan.

        Las mentiras y falsedades de un supuesto líder ante esos cuestionamientos, los hace superficiales y aparentes; y convierten al presidente, simplemente en un populista.

        Y el populista es popular hasta que la pirámide se cae, hasta que la escalera no soporte más, o hasta que, ante la vista de todos, exploten los duros resultados de sus impertinencias.

        Por ejemplo, la inflación mexicana es peligrosa, tiene causas extranjeras, pero por igual tiene motivaciones de carácter nacional.

        La cuantifican con un dígito, cuando tiene dos dígitos elevados; y, siendo un problema económico, la tratan de solucionar con medidas políticas electoreras.

        Andrés Manuel López Obrador ha experimentado el dar, el dar, el dar, simplemente para consumo, sin organizar el producir, producir, el producir.

        Ni siquiera nos quiere enriquecer, sino sólo sobrevivir con austeridad franciscana, y eso nos ha empobrecido más a todos, con las injustas excepciones de los grupos que rodean al poder.

        Otra de sus medidas es esperar las remesas que vienen de los trabajadores mexicanos en EU: “Al fin de este año tendremos cerca de 60 mil millones de dólares, como un milagro realizado por nuestros paisanos”, cuando esos envíos nada tienen que ver con la política oficial, sino que es un sacrificio de familia a familia, tolerado e impulsado por el gobierno estadunidense.

        En 2018 el litro de la gasolina estaba en $18:55, en 2022 está a $22:95; y Amlo nos sigue diciendo: “Pese a la inflación, ni la gasolina ni la luz subirán de precio”, cuando han subido, pese a que se dice que el precio es de más de $30:00 pesos, y que tiene cerca de $8:00 pesos de subsidio.

        En el renglón de la salud, en el que al decir del presidente estábamos al nivel de Dinamarca, no hay suficientes médicos, ni medicinas ni instrumentos de técnicas avanzadas, los elevadores hospitalarios no sirven, los techos de los sanatorios se vienen abajo, cuando hubo tiempos en que el IMSS y el ISSSTE eran nuestro orgullo.

        Y lo que debe arreglarse con eficacia a través de una seria política de salud pública, se trata de solucionar con medidas electoreras que únicamente manchan de estiércol a la vida nacional.

        En materia de seguridad pública, todo ha sido un desastre desde sexenios anteriores; pero con la política electorera del presidente se ha agravado.

        Ni siquiera se intenta aplicar la coercitividad del derecho, con puntualidad humanista, a los casos de interés controvertido, sino con claro sentido de interés electorero, se proyecta, sin ninguna eficacia, acabar con las causas de ese tipo de delitos.

        Y ni se atacan las causas ni se aplica el derecho.

        No hay cambios profundos, y exclusivamente la realidad está cubierta por una demagogia superficial, hasta que estalle la cloaca.



lunes, 13 de junio de 2022

LOGOS

“Que no haya tapados”

EN LOS DESTAPADOS ESTÁ EL TAPADO

        En la democracia electoral la ley se respeta; y, ésta, dispone los lapsos y procedimientos de tipo electivo, además de establecer las autoridades con atribuciones en esta materia.

        En México se vive actualmente una autocracia electoral. El presidente autócrata no respeta la legislación electiva, pisotea la democracia en esa área, imponiendo lapsos, procedimientos, y supliendo a las autoridades correspondientes.

        Cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador consideró conveniente, para sí, echar a andar la carrera electoral de su sucesor, la puso en movimiento.

        Acomodó términos y condiciones, nombró prospectos a la candidatura a la presidencia del país, por su partido político Morena; e, incluso, aceptó que se les llamara “corcholatas”, como una forma de manipularlos, dejándolos sin un decoro inicial necesario.

        La única razón (por demás falsa que ha expresado) es que en su sucesión “no debe haber tapados”.

        En la jerga política nacional, desde hace cerca de un siglo, la gente empezó a llamarles tapados a aquellos prospectos que deseaban llegar a obtener la candidatura del partido hegemónico (PNR, PRM y PRI) a la presidencia de la república.

        Primero, con el presidente Plutarco Elías Calles la regla era que él ponía y quitaba presidentes. Así designó a Pascual Ortiz Rubio, a Emilio Portes Gil, a Abelardo R. Rodríguez, y a Lázaro Cárdenas del Río.

        A su etapa se le llamó “el maximato”.

        Esa regla no estaba en la constitución, pero todos la respetaban; era algo así como supraconstitucional, un término metafísico del derecho mexicano, o del verdadero poder tras este sistema jurídico.

        Uno de los logros de Lázaro Cárdenas del Río, como presidente, fue terminar con el maximato, expulsando del país a Calles.

        Pero algo mejor suplió a ese procedimiento de sucesión de un caudillo tipo Calles.

        El presidente y general Lázaro Cárdenas impuso la regla de que el ejecutivo federal en turno nombraba a su sucesor, y con él a su juez y/o verdugo. Con el paso del tiempo dejó de funcionar.

        Así el PRI dejó el poder para recibir al siglo XXI. En los sexenios posteriores la presidencia la obtuvo el PAN. Pero en el siguiente sexenio el PRI recuperó dicha presidencia.

        López Obrador militó activamente en el PRI. Renunció al PRI para inscribirse en el PRD; y dejó el PRD para fundar Morena, un movimiento que con gran rapidez ha obtenido muchos logros, a través de tácticas muy discutidas y de choque constante.

        Y, ahora, Andrés Manuel está imponiendo algo muy parecido al maximato callista, bajo la regla de que “no haya tapados” para su sucesión presidencial, y con la espada de la revocación de mandato, sobre la cabeza de su sucesor.

        Por eso, “las corcholatas” deben de ser débiles, y sujetas a sus maniobras.

        Según el presidente, “ya no hay tapados”. Y sí, todos los de Morena están destapados; pero dentro de los destapados, hay un tapado, o tapada, y a todos ellos les hormiguea el estómago.

        Sólo Ricardo Monreal no está dentro de ese grupo de destapados; y dice: “Yo no confío en las encuestas de Morena. Son manipulables”.

        Y con esos destapados, en donde hay un tapado, se montó el gran teatro de presentación en la ciudad de Toluca, Estado de México, con toda picardía electoral de que es capaz el presidente.

 


lunes, 6 de junio de 2022

LOGOS

En materia política

TEORÍA DE LA PRUEBA

        Beatriz Pagés preguntó al presidente Andrés Manuel López Obrador en un editorial directo y valiente: “presidente, ¿es usted narco?”, al mismo tiempo que presentaba preocupantes reflexiones al respecto.

        Recientemente, Porfirio Muñoz Ledo recordó que el presidente Andrés Manuel está en el tramo final de su lapso gubernativo, por lo que “puede heredar al siguiente gobierno su asociación con los delincuentes, y eso le otorga mayor poder ya que no sólo cuenta con su autoridad y recursos, también se le suma el poder del narcotráfico. No hay nada que se le pueda oponer, a eso llamamos en México El Maximato”.

        También, hace días, Francisco Labastida Ochoa señaló en el programa de Carmen Aristegui que “López Obrador pactó con Enrique Peña Nieto para llegar a la presidencia… como ha pactado con grupos del crimen organizado”, todo esto, con una serie de comentarios en derredor de este tema delicado.

        El presidente Amlo no hizo esperar su respuesta.

        Al efecto señaló, en una de sus mañaneras, que “es una difamación corriente y vulgar que busca desprestigiarme en vísperas de elecciones… es un juicio sin fundamento y temerario… no he hecho pactos con las personas a que se refieren… parece ser un asunto de nostalgia, con todo respeto para la edad… lo peor que puede pasar en política es que haga uno el ridículo… Labastida, en su tiempo, me quería convencer de que apoyara al Fobaproa, y su campaña presidencial se pagó con el Pemexgate… les pido que presenten pruebas de sus señalamientos”.

        Y en efecto, en el campo del derecho, quien afirma está obligado a probar, y quien niega sólo está obligado a probar si su negación envuelve afirmaciones, si carece de presunción legal, si se desconoce su capacidad, y cuando la negación fuese elemento constitutivo de la acción.

        Pero eso es en la teoría procesal jurídica.

En la política, sobre todo en la actual, parece que ya no hay reglas, más que las que impone a su capricho el poderoso.

Cuántas cosas ha afirmado el presidente en foro de cobertura nacional que no ha probado nunca; en donde sus decires, hasta los contradictorios, ahí quedan sin más.

Y juzga, de la manera más liviana, sin mayor responsabilidad.

No sólo en asuntos nacionales, sino en los foros internacionales.

Ha invocado, como principio normativo válido, la tradicional Doctrina Estrada: la no intervención y la autodeterminación de cada país.

Sin embargo, recién, ha intervenido francamente en la vida electoral de Colombia, haciendo campaña a favor de uno de los candidatos, Gustavo Petro, lo que motivó una dura nota diplomática de aquella nación.

Todo eso sin necesidad alguna para México.

Respecto a los asuntos nacionales, su método de defensa es el ataque. Su simple negativa no corresponde a sus actos públicos, a la vista de todos.

Sus promesas de campaña han sido vanas.

La situación de la seguridad pública resulta un fracaso, según datos firmes existentes en el mismo mundo oficial.

        La retórica política del gobierno carece, en lo fundamental, de pruebas.

        Y todavía puede mejorar el actual presidente su salida del poder, si cambia su hacer y su decir a favor de todos los mexicanos, porque unidos lograríamos máximo desarrollo para todos.

 


lunes, 30 de mayo de 2022

LOGOS

¡Al carajo!

PALABRAS CONTRA TODO RAZONAMIEMTO

        Enviar a alguien “¡al carajo!” significa muchas cosas, pero todas ellas despectivas, y poco recomendables para el uso de personas de significativa responsabilidad.

        El presidente Andrés Manuel López Obrador la ha utilizado muy seguido, y cada vez con más odio.

        Por ello me permitiré recordar los significados de dicha expresión, tomados de los diccionarios enciclopédicos de la Editorial Aguilar y del Larousse.

        Mandar a alguien al carajo significa “transferir a alguien o a algo al miembro viril”, “despedirlo con malos modos”, “denota mucho enfado”, “insulto grave”, “dirigirlo al lugar más despreciable”.

        Esa frase, poco apropiada para un presidente de la República que representa a todos los mexicanos y debe atenderlos a todos, rompe cualquier intento de diálogo, denotando nulo razonamiento.

        De por sí, el presidente Andrés Manuel en muchas ocasiones trata asuntos de grave importancia, pero, al improvisarlos, los descoyunta política e ideológicamente.

        Su pensamiento político tiene una retórica de frases populares; sin embargo, está carente de una base filosófica sólida, y obligada, para una transformación como la que pretende.

        Ha roto, con su diario decir, la idea válida de que un presidente no divide a los mexicanos, sino que los suma a todos, debiendo multiplicar su buena relación con ellos por bien del país, pero no restarlos.

        A todos los que escribimos, o hablamos, nos pierden las adjetivaciones, más cuando éstas no describen con toda exactitud las características de las personas o cosas a las que hacemos referencia.

        Pero no todos tenemos la extraordinaria responsabilidad de titular del poder ejecutivo federal, de una nación como la nuestra.

        Recién, nuestro presidente, acaba de apostrofar a todos los que critican su estrategia de seguridad: “cretinos, desinformados e hipócritas”; y agregó, sin la existencia de un hilo lógico al respecto: “¿por qué se nos va a olvidar que Felipe Calderón se robó la presidencia?”

        Ahí mezcló dos cosas sin relación directa.

        López Obrador tiene la responsabilidad de la política de seguridad pública, en su calidad de presidente; además, recordemos que el Estado tiene como primera razón de su existencia dar seguridad a toda la población, conforme a derecho, independientemente de si Felipe se haya robado o no la presidencia.

        Si con decirles a sus críticos en esa materia de seguridad, “cretinos e hipócritas”, garantiza la paz y orden jurídico en el país, que se los diga mil veces, pero esas palabras insultantes no sirven para ese buen fin.

        Y según las cifras duras respecto a la inseguridad pública, ni los abrazos ni los balazos han dado el resultado que se busca, que se necesita y que se desea.

        La confusión forma parte de la estructura discursiva del presidente López Obrador, tan es así, que ahora propone que ya no se le diga “el triángulo dorado” a ese enclave de varios estados del país, sino que se denomine “región de gente trabajadora y honorable”.

        Si con sólo palabras se pudiera cambiar la realidad, los problemas serían fáciles; pero, objetivamente nuestras dificultades son difíciles.

        Juan Manuel Serrat puso de moda el poema de Antonio Machado: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

        Sí, es cierto, se hace camino al andar, pero también se hace camino al pensar, al hablar, al hacer.

        Y en el México de hoy, el hacer bien las cosas es básico para resolver esos graves problemas a los que me refiero.

 


domingo, 22 de mayo de 2022

LOGOS

Premios y luces de colores

DESPUÉS, A SEGUIR TRABAJANDO

        Fue un honor, para mí, recibir de manos del presidente municipal de Morelia, Alfonso Martínez Alcázar, y por disposición del Honorable Ayuntamiento, la prestigiada Presea “Generalísimo Morelos”. Su discurso en la ceremonia fue amable; cordial fue también, la participación oratoria del gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla.

        Agradezco a ambos sus estimulantes conceptos.

        Los múltiples mensajes posteriormente recibidos, por mí, son alentadores, y les correspondo, a cada uno de ellos, con gratitud.

        Acepté la presea a nombre de todos (mi esposa Rosenda, mis hijos, mis nietos, familiares, maestros, amigos, compañeros, colaboradores, vecinos, conocidos, medios de comunicación masiva) los que socialmente me han ayudado a forjarme, y a quienes reconozco sus valiosas aportaciones, transformadas por el ejercicio de mi libre albedrio.

        No soy perfecto, quisiera haber sido mejor.

        La ceremonia de entrega de la presea impuesta en el 481 aniversario de la fundación de la ciudad (que primero se llamó Mechoacan, luego Valladolid, y ahora Morelia) estuvo acompañada de diversas y variadas festividades que comúnmente concluyen con juegos pirotécnicos.

        Cohetes de polvera preparada que suben al cielo, dejando una estela de luz, para luego explotar en el aire, desintegrándose en la nocturnidad entre hermosos colores: azul, rojo, blanco, verde, amarillo.

        Y concluida su función, caen al piso convertidos en ceniza carbonizada y varas, desechos los carrizos.

        Pero, al día siguiente, hay que barrer, asear, recoger la basura.

        Toda proporción guardada, así concluyen las fiestas; porque la vida cotidiana sigue, y nos es indispensable trabajar.

        Una de nuestras áreas urgentes es: como terminar con la violencia y la guerra, cuando vivimos en una época en que ambas pueden tener causas y efectos internacionales e, incluso, mundiales.

        El filósofo francés Paul-Michel Foucault (1926-1984) al respecto nos afirma: “El poder ya no es monolítico y monocípite; es difuso, está parcelado, es una continua aglomeración y disgregación de consensos. La guerra no enfrenta ya a dos patrias. Pone en competencia a infinitos poderes”.

        Mientras el pensador italiano Umberto Eco (1932-2016) asevera: “La guerra acabaría cuando se alcanzara un estado de equilibrio que consintiera el regreso a la política… Pero si la guerra se prolongara en una dramática inestabilidad política, económica y psicológica durante décadas venideras, no podrá sino producir una política guerreada”.

        A los anteriores conceptos podríamos agregar que los líderes poderosos que determinen la existencia de una guerra, actualmente, deben considerar que están jugando, sin ningún derecho, no sólo con la vida de los seres humanos, sino con la vida del planeta Tierra.

        Lo de Ucrania es algo irracional que ya rebasó los límites, y que podría desencadenar una guerra mundial atómica, en donde no habría ni vencedores ni vencidos, sino sólo un cementerio de proporciones inimaginables, de más de 7 mil millones de cadáveres, sin nadie que pudiera darles una decorosa sepultura.

        Requerimos, urge, que la variedad de los poderes difusos del mundo piensen y obren con responsabilidad, y lograr, así, obtener un equilibrio en todos los órdenes.

        Con desarrollos sustentables, la Humanidad aún tiene futuro.

        La guerra no es solución de nada, sino problema de todo, y de todos.



lunes, 16 de mayo de 2022

 LOGOS

Obviedades embrolladas

SOFISTA AUTÓCRATA EN ACCIÓN

        “Todos los delincuentes violentos también son seres humanos y, por ende, los integrantes de las bandas criminales tienen derechos humanos, y debemos protegerlos”, tal afirmación expresada por el presidente Andrés Manuel López Obrador es cierta, además de ser obvia, como parte de una verdad jurídica.

        Es cierta, dado que el primer párrafo del artículo primero de nuestra Carta Magna ordena: “En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución…”

        Y todas las personas son todas: ricas y pobres, mujeres y hombres, niños y ancianos, educados y analfabetas, religiosos y ateos, extranjeros y mexicanos, humanos de bien y delincuentes; es decir, todas.

        Así que lo dicho por Andrés Manuel es una obviedad.

        Empero, si esa obviedad se retuerce, en el campo del derecho, entonces obtendremos consecuencias inconstitucionales.

        Explicaré.

        Los derechos humanos se encuentran garantizados, formalmente, en los primeros 29 artículos de la constitución, y no son abstractos, sino concretos; tampoco son ilimitados, ya que son limitados por la propia carta magna, pero sobre todo instituyen todos los procedimientos penales, los órganos competentes para aplicarlos, las bases para la tipificación de los delitos, las consecuencias penales para los delincuentes, y de manera especial da los fundamentos respecto al crimen organizado.

        Nuestro sistema jurídico no permite que, a los delincuentes, el estado, el gobierno y las autoridades que lo representan, les den abrazos y besos, en lugar de cumplir con sus deber constitucional frente al criminal.

        Las autoridades sólo pueden hacer aquello que el derecho les permite, a diferencia de los particulares que podemos hacer todo aquello que no nos prohíba la norma jurídica.

        Hay funcionarios competentes para garantizar la seguridad pública, unos, para ejercer la procuración de la justicia otros, otros más para administrarla, y algunos para ejecutar las sentencias que imponen penas.

        Y el derecho es coercitivo por naturaleza, y la fuerza del estado debe saberse aplicar apegada a las normas jurídicas.

        Lo preocupante es que el presidente viole, una día sí y otro también, el sistema jurídico mexicano, y que hasta se jacte de ser un contumaz transgresor, amparado por el fuero constitucional que tiene.

        Porque es una mentira que le hayan quitado el fuero. Léase el artículo 108 constitucional, y ahí se encuentra la regulación de ese fuero presidencial.

        Si el presidente Amlo está cuidando excelentemente a los delincuentes, ¿quién va a cuidar a quienes no son delincuentes?

        De otra manera: ¿debemos ser delincuentes para que el presidente de México nos cuide?

        Como candidato a la presidencia, López Obrador dragoneaba de ser un político de amplia experiencia, y de tener todas las soluciones a los problemas de México en sus manos; pero, ahora, ha resultado que sólo tenía una algarabía de principiante, con una ambición sin límites para concentrar el poder, aliándose con los delincuentes.

        Otra de sus obviedades adulteradas es la constante y vieja frase de: “primero los pobres… siento amor por el pueblo y a él me debo”.

        Lo que busca es el amor del pueblo pobre para él. Le importa mucho que la gente pobre lo quiera; y, para ello, necesita que la población sea pobre.

        Por eso, hace todo lo que está de su parte para provocar que los pobres sean más, pero sobre todo que sean más pobres. Los empobrece dándoles dinero, y no dándoles trabajo bien remunerado.

        Si alguien los saca de la pobreza, López Obrador pierde automáticamente su clientela.

        La educación es, actualmente, la mejor vía para abandonar la pobreza; por ello, no le interesa la sólida educación, sino únicamente el maniobreo informativo con sentido electoral y dogmático.

        Al trastocar esas obviedades, el sofista autócrata Andrés Manuel López Obrador entra en acción perversa.


 

lunes, 9 de mayo de 2022

LOGOS

La Era del Clima

TONTEAR CON LA PROBLEMÁTICA

        “¡Ai va el golpe!”, “ai va el golpe”, “ai va el golpe”; ese es el grito de aviso que los cargadores nos lanzan en los mercados mexicanos cuando vienen con sobrepeso, y sienten que la gente les estorba para su oficio de trasladar bultos y cajas.

        De la misma forma, la Era del Clima nos ha alcanzado, y su aceleramiento es feroz, y nos da avisos agresivos de lo que porta: viene un golpe, viene un golpe, viene un golpe.

        Y esas palizas son reales; nada tienen que ver con las que amenaza el presidente Andrés Manuel López Obrador a decenas de millones de mexicanos, al aseverar de manera tan mezquina: “seguiré ganando las elecciones por paliza”.

        ¿A quién ultima con la paliza Andrés Manuel?

        El titular del poder ejecutivo federal malpiensa que en la vida humana el ganar elecciones lo es todo, cuando primero está resolver los graves problemas de México.

        Y su incompetencia, jactancia y autoritarismo, no han hecho más que agravar los conflictos de nuestro país.

        Ahora, en su tarea política electorera, Amlo pretende ampliar su radio de acción; por eso visitó Guatemala, El Salvador, Honduras y Cuba, para hacer un bloque antes de asistir a la reunión organizada por EU con naciones americanas.

        La tradicional y digna diplomacia mexicana que por más de un siglo han construido inteligencias patriotas y lúcidas (conocida y reconocida allende y aquende), con los tres años de obradorato se ha colapsado.

        Un locuaz y perverso Donald Trump, metido otra vez en campaña presidencial, “dobló” al presidente López Obrador, según el decir de aquél, presumiéndolo a los cuatro vientos, sin tener Andrés Manuel una respuesta sagaz, diplomática, certera y filosa, en contra de esa ruda afirmación.

        Pues su respuesta timorata para Trump fue:  “así es él… y es que anda en quehacer electoral”. Esta réplica carece de dignidad y decoro.

        Algo más delicado es saber que las pretensiones de Trump, de llegar otra vez a la presidencia, son bombardear a México con proyectiles teledirigidos a los centros de producción de drogas.

        ¡Eso sería gravísimo!, pues dista de ser una buena manera para resolver el problema. Tan mendaz como si se bombardeara desde el exterior los centros de comercialización de la droga y de consumo en los EU.

        Pero siendo delicadísimo lo anterior, lo verdaderamente importante para un auténtico estadista, en estos momentos, no son las tareas electorales ni las ocurrencias del patán Trump, sino ese fenómeno que se viene llamando el “cisne verde”.

        Desde hace más de 50 años los ecologistas nos han alertado sobre los problemas del medio ambiente; pero, ya en 2022 el caos en el clima del planeta nos está haciendo pagar los costos de nuestros agravios a la Tierra. A toda acción corresponde una reacción igual pero en sentido inverso.

        Incendios forestales inexplicables por doquier, lluvias devastadoras con granizadas violentas, congelamiento a nivel de destrucción, carencia de agua potable, descargas eléctricas y energía solar inusuales, inundaciones desastrosas, entre otros males.

        Todo ello, sumado a las guerras que pueden agravarse, son explosivos para el sistema financiero mundial, el que puede desplomarse para daño de todos los países del orbe.

        Así que, mientras tonteamos con otros problemas menores, “ai va el golpe”, “ai va el golpe”, “ai va el golpe”, avisan los más conspicuos cargadores financieros.

        Pensemos y actuemos. Nunca es demasiado tarde. Todos los humanos tenemos la responsabilidad de una ecología sustentable, y todos necesitamos auxiliar para fortalecer y mejorar al mundo de las finanzas del planeta.

 


martes, 3 de mayo de 2022

LOGOS

Besos y abrazos

PEOR QUE LOS BALAZOS

        No creen las nuevas generaciones, pero hubo un tiempo (entre los años 1930 y el 2000) que una atmósfera de paz prevaleció en nuestro país.

        Claro que hubo ciertas turbulencias sociales en algunos tramos de ese lapso, pero no rompieron la tranquilidad generalizada en que se vivió.

        Esas perturbaciones sociales formaron parte del procedimiento de sosiego; y fueron incidencias de cierto quiebre, pero sobre todo de prosecución.

        No todos vivíamos en el paraíso, pero nunca vivimos los infiernos que hoy padecemos.

        La realidad actual es otra cosa.

        Ahora sobrevivimos entre el temor y el terror.

        Feminicidios, asesinatos, muertes y desapariciones forzadas, secuestros, lesiones, robos; la violencia se padecen ahora en cantidades industriales, con un veloz y marcado ascenso, con tinte globalizador y masivo, tan rápido como los tiempos.

        Y las fuertes raíces de este mal atroz vienen de los primeros años del siglo XXI, y se han agravado desorbitadamente con la presidencia de Andrés Manuel López Obrador.

        Obvio, el origen de esa violencia no es culpa del actual presidente; Andrés Manuel sólo es responsable de habernos mentido durante su campaña electoral al asegurar que en llegando él, al poder, acabaría con esta inseguridad y, también, es culpable por su ineptitud al no aplicar la política eficaz para frenar o disminuir este devastador mal que nos atropella, por doquier y a todos.

        Añoramos aquella atmósfera de paz, cuando salíamos las familias a comer al campo, con toda seguridad, recorríamos a cualquier hora las carreteras sin que nadie osara violentarnos, podíamos salir de noche a cenar o a convivir en eventos sociales, y nadie nos importunaba, sentíamos plena tranquilidad en estar dentro de nuestro hogar, como en un remanso seguro.

        Los delitos contra la seguridad eran ocasionales, y tenían un castigo cierto, o al menos una explicación satisfactoria.

        Hoy por hoy, si confrontáramos el número de los delitos que se cometen, con las carpetas de investigación, observaríamos que de cada 100 actos de ilícitos penales hay tres averiguaciones encarpetadas.

        En los tiempos que vuelan, al 100% de asesinatos achacados al crimen organizado, de inmediato, se les pone un letrero: “crimen organizado”, y rápido se archivan, para que duerman el eterno sueño de los justos.

        La impunidad es el denominador común de todo ese vasto mundo delictivo; y esa inmunidad se ha fincado oficialmente por los descuidos y pésimos manejos de López Obrador.

        En cifras del INEGI (órgano con tendencia gubernativa de encubrimiento): en el sexenio de Fox hubo 60,280 asesinados; con Calderón 120,463; con Peña 156,066; y en lo que va la administración de Andrés Manuel López Obrador (del 1 de diciembre del 2018 al 31 de marzo del 2022) ha habido 136,734 asesinados, faltándole 30 meses para terminar su mandato, ya que lo finaliza el 30 de septiembre del 2024.

        El obradorato, en esta materia de seguridad pública, ha reprobado, y aún no concluye su mal manejo. Los besos y los abrazos han sido peor que los balazos.

        Las cifras duras hablan; empero, no se trata sólo de cifras, sino de dolor humano, sangre, lágrimas, vidas, cegadas a cargo de quien prometió que en su mandato se terminaría el crimen organizado y todos los delitos respectivos.

        Traición a la patria es militarizar, así, a la seguridad pública. Por años, Amlo puso a 28 mil soldados y marinos mexicanos al servicio del presidente Trump y de EU.

        Esa verdad avergüenza a todo México.