martes, 23 de junio de 2020


LOGOS
Mentiras de AMLO
EL COMAL LE DIJO A LA OLLA
        El 18 de 0ctubre del 2019 el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo con claridad: “La decisión de liberar a Ovidio Guzmán fue tomada por el gabinete de seguridad, y yo la respaldo”.
        Ocho meses después, el 19 de junio del 2020 el mismo presidente AMLO asegura con precisión: “Yo ordené que se detuviera ese operativo y que se dejara en libertad al presunto delincuente” (Ovidio Guzmán).
        ¿Mintió AMLO un día después de ese desastroso operativo militar?; o ¿está mintiendo ahora, en este mes y año que transcurre?
        Y a quién miente en hechos trascendentes, suele decírsele mentiroso; más, si no es la única vez, ya que éste es uno de los constantes casos.
        Consideren que la primera versión del presidente motivó que la adoptaran, como suya, todos los miembros del gabinete de seguridad, incluso, algunos, tal repitieron bajo protesta de decir verdad ante las cámaras del poder legislativo federal, por lo que puede sancionárseles.
        Dejo ese tema de las mentiras y los mentirosos, para pasar al análisis del caso de José Manuel Torres Morales (un comediante mexicano tuitero, mejor conocido como Chumel Torres, con más de dos millones de seguidores en uno de sus programas), y el presidente Andrés Manuel López Obrador, su esposa Beatriz Gutiérrez Müller y su menor hijo.
        Chumel en su transmisión del 22 de julio del 2019, entre todas las informaciones, groserías, ocurrencias, comentarios, chistes, enredos, críticas políticas y burlescas al presidente y a la sagrada familia presidencial, le puso un apodo al infante Jesús Ernesto.
        Encajarle ese mote a un párvulo por parte de un sujeto de 38 años en su visitado medio, independientemente de la familia del niño, es un error. Qué bueno que Chumel pidió disculpas al chico a través de quienes ejercen, sobre él, la patria potestad.
        Partamos de que, por un hijo, comúnmente todos hacemos hasta lo indecible.
        Pero, por qué hasta ahora hubo el reclamo de la mamá al comediante, cuando a Chumel lo invitaron a ser expositor en un evento organizado por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED); y cuando el hecho de poner sobrenombre al infante fue hace casi un año.
        ¿Por qué los padres reaccionaron públicamente hasta ahora?; y, además, equivocándose en lo siguiente: muy pocos mexicanos sabían y/o recordaban el alias insertado al delfín, pero ahora lo saben y lo recordará (por el escándalo imprudente suscitado a rango presidencial) la mayoría de los mexicanos, y millones de extranjeros.
        Lo siento por el niño, víctima de la guasa de un chistólogo adulto; pero esa chanza no actualiza los componentes del racismo, o de la discriminación. Acaso pudiese tipificarse como bullying, si no estuviese este término inglés limitado a ser una burla escolar.
        El objetivo de Chumel, seguramente, era la crítica a la pareja presidencial, y no al hijo de ésta; y, en cambio, el presidente López Obrador, de lengua lenta y entre cortada, pero suelta, dice peores cosas que Chumel a grado de injuria, amenaza, difamación; juzgando prejuiciosamente sin el debido proceso. Sin dar derecho a audiencia ha puesto motes a expresidentes, se burla a espaldas de muchos, grosero y sarcástico ha agraviado a demasiados mexicanos.
Ha sido AMLO peor que Chumel; así que “el comal le dice a la olla”.
El cómico analizando la vida política está en lo suyo, y en cambio un presidente que se respete a sí mismo y a la investidura presidencial no le queda ser guasón ni chusco, en algo tan importante como es el fenómeno político.
Observemos cómo una cadena de equívocos ha llegado a afectar instituciones y a personas ajenas a Chumel, AMLO y su familia; y el primero ya padece la represión presidencial.
Unos sufren la celebridad del histrión profesional; pero a la mayoría de los mexicanos nos daña la proclividad al estrago del señor presidente AMLO; salvo que sea cierto lo que ha confesado recientemente López Obrador: “Órdenes de Beatriz son mis deseos”.

lunes, 15 de junio de 2020


LOGOS
¿Para qué tres poderes?
BASTA CON UN AMLO AHORRATIVO
        El presidente de México tiene un curioso sentido del ahorro; además de ser un vacilador agrio y ambicioso.
AMLO, primero, se aseguró de poder disponer, por sí, de poco más de seis billones de pesos del erario federal, para dedicarlos a proseguir su proyecto de concentrar el poder.
        Con esa política austera de egresos ha desaparecido dependencias estorbosas para él, despidiendo por miles al personal antiguo que no le aseguraba plena lealtad, e iniciando, así, un torrente de desempleos que suma (en este año 2020, activado también por el covid19) dos millones de mexicanos sin trabajo.
        Son conocidísimos sus ahorros en salud, provocando que multitudes de enfermos ahora estén muertos.
        Sufre, el sector educativo y cultural, agresivos recortes presupuestarios.
        La mayor parte de las secretarías del ejecutivo federal padecen represiva austeridad, con el hipócrita y cómplice beneplácito de los secretarios respectivos.
        Ajustada a esa directriz, y bajo el auspicio de una atmósfera parca, el senador Ricardo Monreal Ávila planteó, primero, la creación de un ineluctable y chusco Instituto Nacional de Mercados y Competencias para el Bienestar (INMECOB), a efecto de que ahí se inserten (y así desaparezcan) el Instituto Federal de Telecomunicaciones, Comisión Federal de Competencia Económica y Comisión Reguladora de Energía, organismos con presupuesto atractivo de más de 2 mil 375 millones de pesos, y que son poco serviles a AMLO.
        El presidente López Obrador dispuso que en una de sus mañaneras se le preguntara sobre ese proyecto de Monreal; y, cumplido el encargo, AMLO respondió: “si es para ahorrar dinero, estoy totalmente de acuerdo”.
        Las críticas fundadas al proyecto fueron demoledoras, y Monreal volvió a obedecer a AMLO, aplazando la iniciativa para sujetarla a un “proceso abierto de discusión”.
        Esa maquinación ahorrará dinero, despejará a personas no afectas a la 4T, concentrará más recursos al autoritarismo, y acelerará el fundamental proyecto centrípeto del presidente.
        Esa centralización del poder que desea AMLO, para sí, lo conducirá a preguntarse: ¿para qué queremos tres poderes en el gobierno federal?
Y lo llevará a responderse: no gastemos tanto. El poder legislativo cuesta al pueblo, en este año, poco más de 13 mil 540 millones de pesos, y el poder judicial gasta, en esta anualidad, poco más de 68 mil 632 millones de pesos.
AMLO concluirá, por ende: prescindamos del poder legislativo y del poder judicial; el poder ejecutivo debe ser único y manejarlo todo.
Así, el pueblo experimentaría un reacomodo novedoso; similar al imperio de Agustín de Iturbide, o al imperio de Carlota y Maximiliano, ambos del siglo XIX.
A la actual generación poco le dicen esos dos imperios, pues su recuerdo histórico es impreciso por la deficiencia educativa.
Como tampoco se recuerda plenamente a Antonio López de Santana, o a Porfirio Díaz Mori.
Para ser dictador o autócrata no se requiere ser llamado emperador, ni alteza serenísima, ni señor presidente, ni rey, basta con que todo el poder público esté bajo el mando exclusivo de un sujeto.
Incluso, puede darse el lujo de ser chistoso: “me acusan hasta con el Papa, y éste me habla para decirme que no les cree”; “López Gatell es incapaz de ocultar cosas y decir mentiras”; “el crédito que pedimos de mil millones de dólares es una operación de rutina”; “he dictado un decálogo contra el covid19”; y, “digo al poder legislativo y al judicial no parar labores”.
 Ojalá no vivamos, nunca, una pesadilla dictatorial, pues llevaría a los mexicanos a otro hartazgo, y contra AMLO o cualquier otro dictador se haría el cuarto movimiento revolucionario.

domingo, 7 de junio de 2020


LOGOS
AMLO y Krauze
MEXICANOS DE NUESTRO TIEMPO
        Andrés Manuel López Obrador y Enrique Krauze Kleinbort son dos mexicanos de nuestro tiempo; AMLO nacido en Macuspana, Tabasco, en 1953, y EKK oriundo de la CDMX en el año 1947.
        Enrique Krauze, egresado de la UNAM como ingeniero industrial, tiene varias licenciaturas, maestrías y doctorados, en instituciones superiores de diversos países, y es autor exitoso de varios libros.
        López Obrador, egresado de la UNAM, con licenciatura en Ciencias Políticas, siendo activísimo líder militante, ejerce en la actualidad como Presidente de los Estados Unidos Mexicanos.
        Ambos, independientemente de que estemos o no de acuerdo con lo que expresan y hacen, merecen respeto como seres humanos, pero sobre todo como mexicanos, pues constituyen parte de nuestro patrimonio.
        Pero, ahora, AMLO es presidente de todos los mexicanos, y EKK es un simple gobernado, por lo que la relación no es de igualdad; y el honroso cargo le impone a Andrés Manuel mayor responsabilidad.
        Con ese fondo, el gobernador de Jalisco Enrique Alfaro Ramírez, ante las manifestaciones violentas que se han suscitado en Guadalajara y orientadas en su contra, denunció de manera directa al gobierno federal de ser el provocador de tales furores.
        A esa acusación tan firme, AMLO respondió: “Tengo diferencias con el gobernador de Jalisco, pero no tengo ningún propósito de afectar a autoridades locales”.
        Al mismo tiempo Enrique Krauze mensajeó: “El gobernador Enrique Alfaro honra la tradición liberal de Jalisco. También Mariano Otero sufrió gallardamente el acoso injusto del gobierno. Y pasó a la historia por resistir”.
        Y de inmediato el presidente AMLO replicó a Krauze en forma tangencial: “Un intelectual orgánico Lucas Krauze Alamán tomó partido, o mejor dicho reafirmó su conservadurismo”.
        Agregando un lapidario recado dirigido a todos los mexicanos: “Se acabó la simulación y las medias tintas, pues llegó el momento de definirse en favor o en contra de la transformación del país… se está por la honestidad o por la corrupción… o se apuesta a mantener los privilegios de unos cuantos a costa del sometimiento y empobrecimiento de la mayoría de los mexicanos… o somos conservadores o somos liberales”.
        AMLO daña su calidad de presidente de México al responder así a Krauze, ya que, sin razonamiento válido, insulta con un apodo; tan anodino como si al presidente le dijeran Andrés Manuel López de Santana.
        Por otra parte, la simulación más a la vista es la mentira de AMLO: prometer como candidato lo que no ha cumplido como presidente.
        Las medias tintas más ofensivas son de AMLO: o está contra el crimen organizado, o está a su favor.
        Transformar a México en país pobre, limosnero, ignorante, marihuano, enfermo, esclavo de la delincuencia, y con gobierno incapaz y corrupto: NO, mil veces NO.
        Queremos la honestidad de todos. Estamos contra toda corrupción, comenzando por el gobierno actual, el que está arriba de la escalera.
        Reprobamos los privilegios, comenzando por los de AMLO y los miembros de su gabinete, con sus sagradas familias.
        Estamos contra el empobrecimiento de la mayoría de los mexicanos, a donde nos conduce la política del presidente AMLO.
        Con la trágica realidad del 2020, resulta pueril preguntar si somos “conservadores” o somos “liberales”; conceptos históricos y abstractos que han perdido sentido de aplicación, aquí y ahora.
        Duele que la ignorancia presidencial nos lleva hacia su rancho: “La chingada”; aun así, Krauze y AMLO son personajes de nuestro patrimonio humano. ¡Al tiempo!

lunes, 1 de junio de 2020


LOGOS
Barco, capitán, tripulación…
EL TIGRE A LA VENTA
                Repetitiva analogía: un buque se cita como ejemplo de un país, el capitán equivale al presidente, y los pasajeros son la población. Con estos elementos se arman diversos razonamientos.
                Ejemplificaré.
                Lo que le pase al barco afectará a los pasajeros y al capitán; por ello, toda la gente a bordo debe conducirse correctamente, para que se navegue de excelencia, en bien de todos.
                El buque puede ser afectado por algo externo: oleaje, choque, rayos, piratas; ante esto, todos los embarcados requerimos estar unidos, organizados, disciplinados, en torno al capitán.
                Sólo así saldremos librados del peligro respectivo.
                Malo sería que el capitán estuviese confabulado con los piratas, o que fuera incapaz, irresponsable, mentiroso, sembrador de discordias.
                Si el capitán buscó y aceptó la responsabilidad de navegar con ese barco, debe conservar y mejorar nave, no puede afectar a la máquina, no debe hacerle agujeros a la embarcación ni destruir el timón o el mástil.
                No debe dividir a los pasajeros, ni ofenderlos ni violentarlos ni transgredir sus derechos. Y si hay pandemia e inseguridad debe aplicar pertinentes medidas sanitarias y jurídicas.
                Ahora, de esa analogía paso al actual caso de México, al presidente Andrés Manuel López Obrador, y a los mexicanos divididos por razones económico sociales, pero hoy confrontados peligrosamente por la irresponsabilidad de AMLO.
                López Obrador insulta, prejuzga, y sin el debido proceso juzga, sin tener competencia: “rateros”, “corruptos”, “traidores a la patria”, sin previa audiencia y sin pruebas legales y debidas.
                Y la corrupción, la inseguridad, desempleo, impunidad, salud, educación, economía, energéticos, militarización, y los demás conflictos que ofreció resolver en llegando a la presidencia; sobre esto, AMLO hace lo posible y hasta lo imposible para empeorar a todos y cada uno de estos graves problemas.
                Dentro de este escenario, Jorge Zepeda Patterson, en el diario El País, nos invita a reflexionar en el desgaste que se pretende hacerle al presidente AMLO, “abriéndole hoyos en la balsa sólo porque no les gusta el viaje”, cuando es el propio AMLO quien hace los hoyos en la balsa.
        Es inconsistente esa parte del artículo que cito, pues lamentablemente para México, AMLO y su débil oposición le han hecho muchos hoyos a la balsa, pero en ese mal empeño el señor presidente es indiscutible autor del 90% de los daños.
        Lo acertado de ese trabajo periodístico es el siguiente enfoque: “el problema no reside en él”, en AMLO; y es verdad, siempre y cuando se trate del problema de fondo, puesto que con o sin AMLO, nuestras viejas dificultades profundas siguen acrecentando y agudizando sus contradicciones, junto con los nuevos ahogos provocados por Andrés Manuel.
        Mientras, AMLO sólo en su repetitivo e ineficaz discurso dice ir rumbo a la solución de esos problemas.
        Pero sus actos van en dirección contraria a sus dichos.
        Sus palabras y sus decisiones son absurdas y contradictorias. Para regresar al pueblo lo robado hay que vender en gran fraude el avión presidencial. Mañana venderá el aeropuerto de Santa Lucía, el tren maya, aunque no se hayan terminado, y… el tigre, acaso ya se lo vendió al gobierno de Trump.
        Pese a lo anterior, conforme a derecho, AMLO debe cumplir su ejercicio presidencial, ajustando su conducta al sistema jurídico. Pero conforme a derecho AMLO puede y debe ser juzgado, y destituido.
        Siempre reprobemos al golpismo, y defendamos todos los derechos humanos garantidos, entre ellos, el derecho a manifestarse y a expresarse.

lunes, 25 de mayo de 2020


LOGOS
¡Eureka!
UN KILO DE FELICIDAD Y UNOS ZAPATOS
                Llama la atención que el presidente Andrés Manuel López Obrador asevere, aunque con indecisiones: “voy a proponer un nuevo modelo que sustituya al PIB, para que se mida la felicidad del pueblo”.
                Semanas después afirma: “Está bien el PIB para medir el crecimiento, pero también debe medirse el desarrollo, considerando sobre todo la felicidad del pueblo”.
                AMLO no sabe qué pretende, o no sabe decir lo que desea.
                Una cosa es sustituir al PIB (lo que no le compete), y otra cosa diferente es que al PIB se agregue (como nuevo parámetro o inédita perspectiva) el considerar la “felicidad del pueblo”.
                Empero, para cualquiera de esos dos propósitos, debe previamente entender que el “PIB” (siglas del producto interno bruto de un país) es un instrumento indicador de carácter macroeconómico, que se emplea para medir el comportamiento general y las dimensiones de la economía en niveles nacionales, en un lapso determinado.
                Así, miden con valor monetario todos los bienes y servicios producidos por la población de un estado soberano, en un espacio y en un tiempo.
                Eso fue lo que estructuró y desarrolló el economista ruso estadunidense Simón Kuznets (1901-1985), y lo que motivó que en 1971 le otorgarán el Premio Nobel en economía.
                La estructura inicial para esa medición ha venido cambiando ante un fenómeno económico que (de aquellas fechas al 2020) tiene, y sufrió, transformaciones inusitadas.
                Empero, por más cambios que experimente, siempre medirá el valor de los bienes y servicios producidos: automóviles, pantalones, libros, casas, aguacates; o servicios médicos, turísticos, educativos, jurídicos, o domésticos.
                Bienes y servicios que se pueden medir por metros, por kilos, por litros, por tiempos, espacios, cantidades, calidades, materias, o personas.
                Y… ¿la “felicidad” existe?
                Sí, como palabra gramatical, y como concepto lógico; palabra y concepto que nombra y conceptualiza un cierto estado anímico concreto y específico de cada persona, motivado, sobre todo, por la conjunción armónica del individuo humano y su circunstancia social.
                Pero la “felicidad”, como tal, no puede ser parámetro para el PIB, el que sólo mide monetaria y macroeconómicamente los bienes y servicios que un país produce en un cierto lapso.
                La “felicidad” no se mide en dinero, aunque sea en dólares, la “felicidad” no es elemento macroeconómico, la “felicidad” no es ni bien ni servicio producido por el trabajador y el capitalista y sujeta a oferta y demanda en libre concurrencia, la “felicidad” no se produce como mercancía para que se reparta por kilos, por metros, por litros.
                El “pueblo” es una ficción y, como tal, no puede ser feliz ni infeliz, pues eso corresponde exclusivamente a cada ser humano.
                Es tan personalísima “la felicidad”, que recuerdo a ese personaje del escritor griego Nikos Kazantzakis (1883-1959), llamado Alexis Zorba, quien logró con su astucia embrollar a un joven con dinero, de ideas socialistas, en el encantador proyecto de reabrir una vieja mina de lignito en Creta.
                Y cuando todo el andamiaje se cae, derrumbándose la mina, Zorba grita y baila: “Qué hermosísimo caos, patrón, que destrucción tan grandiosa. Estoy lleno de felicidad”.
                Quiera el destino que nuestro AMLO, no vaya a dejar a México en el desastre, y vaya a ser el Zorba mexicano que grite ¡eureka!: “Como anillo al dedo”, qué “felicidad”, qué caos tan hermoso; y con un viejo eudemonismo afecte a la economía de México.
                ¿Será feliz cada mexicano?, cuando sabe por el INEGI que la corrupción ha crecido en el ejercicio de AMLO; ¿será feliz cada mexicano?, al percibir que la inseguridad y los asesinatos han crecido en la administración de AMLO; ¿será feliz cada mexicano?, cuando comprende que nuestra economía está bajo cero con AMLO; ¿será feliz cada mexicano?, al observar que nuestra educación, en tiempos de AMLO, va en acelerado descenso.
                A esas interrogantes es necesaria una respuesta honesta.

lunes, 18 de mayo de 2020


LOGOS
Muros de Trump y AMLO
EVITADOS POR TÚNELES EFICACES
        Escribir sobre “muros” implica reconocer que estamos ante una palabra multívoca, por sus variadas aplicaciones: muros convertidos en murales por el genio pictórico del jalisciense José Clemente Orozco (1883-1949), muros construidos para ser cortinas hidráulicas y contener la fuerza del río Balsas en la presa del Infiernillo, muros para delimitar una casa habitación erigida bajo deseo de un hogar bien avenido.
        En este artículo, sin embargo, trato sobre dos muros largos y elevados, tan inútiles como grotescos, así como costosos.
        El primero, el muro que pretende proseguir el presidente Donald Trump; y, el segundo, el que construye con odio avinagrado el presidente Andrés Manuel López Obrador.
        El muro que Trump ha hecho suyo comenzó a construirse en 1994 en la frontera de México con los EU, a iniciativa del presidente Bill Clinton, con el ánimo de frenar la migración ilegal y el trasiego de drogas, pero al ver su ineficacia lo dejaron en olvido.
        Pero el candidato Donald Trump convirtió a ese muro en la principal oferta de su campaña, asegurando algo obvio, que México lo pagaría totalmente.
        Trump sabe que nuestro país ha venido pagando con su territorio, sus recursos materiales y su mano de obra, gran parte de la calidad de vida estadunidense.
        Cierto, no ha habido mucho avance en esa malhadada construcción del muro de marras, ya que la mayor parte de lo autorizado se enfoca a reconstruir los largos tramos destruidos. Y es muy caro su mantenimiento.
        Y, ahora, el presidente Trump se da cuenta de lo infructífero de ese muro largo y elevado, pues los ingeniosos topos humanos tienen perforado subterráneamente ese valladar, y pronto los dinámicos tornados lo abatirán.
        La naturaleza no perdona.
        Ante la realidad, Trump recibe en su cara la tosida de Jim Carrey, embarrándole en pleno rostro su pañuelo mocoso, según el video armado por el cómico, como también obtiene la información alarmante de un túnel con iluminación, ventilación, rieles y vehículo, para trasladar cosas ilegales de Tijuana a San Diego.
        El presidente estadunidense registra, además, que en diversas partes de ese muro existen innumerables corredores subterráneos.      
        La primera reacción de Trump, como siempre, fue utilizar su cuenta oficial de Twitter: “México debe tomar el control de ese gran problema… con esos túneles los narcotraficantes mexicanos se están poniendo realmente audaces”.
Pronto sabremos qué órdenes, al respecto, le dará Trump al presidente López Obrador, y éste tendrá que decidir su hacer, frente al conflicto de sus dos querencias.
El segundo muro que advierto, largo y alto, es el edificado por AMLO, en su torpe confusión, entre él y millones de mexicanos.
Ocurrente, pero irresponsable, Andrés Manuel motivó muchos entusiasmos, los que ahora, frente a la dura realidad y por decisiones presidenciales ineficaces, se han convertido en desilusiones profundas.
En su falsa e inconsistente visión divide (lo indivisible) la historia de México, en cuatro transformaciones, hechas y derechas; aunque las tres primeras nunca fueron simples y bobas transformaciones, sino revoluciones dadas en un proceso vivencial dialéctico.
Y la chistosamente llamada “cuarta transformación” ni está hecha ni está derecha, ni transforma nada ni es la cuarta; sólo es un gobernar chueco, caótico, contradictorio, y sin sentido a la vista.
Sumado a lo anterior, ese muro largo y elevado que AMLO está levantando entre él y los gobernados que observamos sus tercas y gravosas ineptitudes, empieza a tener variados y pertinentes túneles construidos por mexicanos, unidos, al margen de ese errático gobierno federal.

lunes, 11 de mayo de 2020


LOGOS
¿Buenos vs malos?
UNA VIEJA TRAMPA
                Al escribir este artículo, la cifra oficial de muertos por covid19 en México (dada por el que aplana las curvas que siguen siendo curvas, es decir, por el subsecretario Hugo López Gatell) es de 3 mil 465 muertos, cantidad que califican de falsa fuera y dentro del país, denunciando que el gobierno federal no dice el monto real y superior de fallecidos, aplicando unos endebles y mañosos modelos matemáticos, a modo.
                Ojalá no hubiera mexicanos muertos por ese motivo viral, ni por causa violenta ni ilicitudes; pero mentir, no es lo honesto.
                Obvio que la vida y la muerte forman parte de un proceso natural; pero está claro, también, que es lógico que el progreso científico tenga el propósito de prolongar y mejorar la vida de nuestra especie.
                Por ello, debemos preguntarnos, ¿quién desea que el covid19 mate a más mexicanos?
                ¿Habrá alguien que todos los días esté al pendiente del número de muertos por ese virus, para atacar con mayor reciedumbre a los neoliberales y a los conservadores?
                ¿Existirán los que quieren aumentar la mortandad de mexicanos provocada por ese coronavirus, para atacar con mayor virulencia al presidente AMLO?
                Tengo, para mí, que sólo un enfermo mental, o una gente mala, desea la muerte de otros.
                Toda persona conciliada consigo mismo y con su medio desea y hace el bien a los demás.
                Aunque en el mundo no existe lo bueno y lo malo en términos absolutos, ya que el bien y el mal no son conductas ni resultados ni percepciones estáticos o inamovibles.
                La bondad puede convertirse en maldad en un abrir y cerrar de ojos, y a la inversa.
                Los mundos recreados por la literatura del francés Honorato de Balzac (1799-1850, en su Comedia Humana), del británico Charles Dickens (1812-1870, en su Oliver Twist), y del ruso Fiódor Dostoyevski (1821-1881, en Los hermanos Karamázov), nos prueban de forma vivencial precisa, como existe en el alma de todos los humanos lo bueno y lo malo, jugando dialécticamente a la armonía, y al desequilibrio.
                Así, las personas llevamos clavados en la entraña cerebral el bien y el mal, y al fin de nuestra vida, ante la visión de nuestros contemporáneos y sucedáneos, se juzga (consciente o inconscientemente) el balance de nuestras obras respecto de esos dos valores, únicos lados de una misma moneda.
                En cantidad, pero más en calidad, se verá si pesan más nuestros actos buenos que los malos; o, al contrario. Tal será, cuando bien nos vaya, el resultado de nuestra vida.
                Con ese fondo conceptual, observo que el presidente Andrés Manuel López Obrador y sus simpatizantes, y la oposición a ellos, en crecimiento por el desencanto que AMLO sigue provocando, han caído en una vieja trampa: la opción errónea de luchar buenos contra malos.
                Y en estos casos el mayor responsable es quien tiene el poder, más si es él, quien falsamente piensa que sólo él es bueno, y los que no piensan ni dicen ni hacen lo que ordena el presidente son los malos, conservadores, fifís, neoliberales y enemigos de México.
                Qué grotesco es que el presidente de la república, sea quien sea, se sienta que él es México.
                Qué garrafal yerro es que el presidente de México no quiera ni pueda unir a todos los mexicanos, mostrando con saña lo peor de sus entrañas.
                Invito a la reflexión, para que generemos eficaces, buenas e inteligentes, acciones para superar nuestros problemas y maldades; para poner todas las supuestas o reales conductas públicas y privadas a la luz de una discusión responsable y abierta, a favor del sano desarrollo de todos los mexicanos.
                Ya que las remesas están a la baja, el petróleo a la baja, el empleo a la baja, la educación a la baja, el ahorro y las reservas a la baja, la seguridad pública a la baja, la economía a la baja y, para colmo, la confianza en el presidente AMLO está a la baja.

martes, 5 de mayo de 2020

LOGOS
Sin domar a la pandemia
AMLO QUEBRÓ LAS FINANZAS
        “El pueblo de México (frente al covid19) ha dado un ejemplo al mundo por su grado de responsabilidad”; esto es cierto en términos generales, y lo afirmó el presidente Andrés Manuel López Obrador.
        Pero AMLO, respecto al coronavirus, exhibió su pésimo comportamiento; primero lo calificó como complot de los conservadores, y continuó sus reuniones masivas como repartidor de abrazos y besos, dando mal ejemplo.
        Claro, al ver AMLO que la mayoría de las familias mexicanas seguía los protocolos internacionales al respecto, y que algunos gobernadores se le adelantaban, aceptando medidas de otros países, no tuvo empacho el presidente de calificarse como “domador de pandemias”.
        Y ahora, López Obrador anuncia lo que su amo Trump le ordena: “Ya se está viendo la luz a la salida del túnel, ya falta poco… el 6 de mayo será el momento cumbre de la pandemia, y de inmediato iniciará su descenso”.
        A todos nos urge reparar nuestra económica, pero en forma sana y bien orientada, asegurando la salud de los mexicanos, primordialmente.
        Porque a Trump le apura (a costa de la salud de los estadunidenses y a favor de su reelección presidencial) reanudar la imperial maquinaria económica del EU), y AMLO está agachonamente dispuesto a obedecer a su patrón, a costa de la salud de los mexicanos.
        Favor con favor se paga. Trump, supuestamente, hizo un favor a AMLO ante la OPEP. Con esa fingida ayuda, México salió perdiendo; ahora, AMLO vuelve a doblegarse ante Trump, y México prosigue su caída.
        ¡Hasta cuándo el presidente Andrés Manuel dejará de tontear!, a costa de la salud, la economía y la seguridad pública.
        No es posible que la cúspide de la pandemia en México sea el 6 de mayo próximo, y que de inmediato se disponga un regreso a la vida relajada de antes del coronavirus.
        Sin la salud no habrá reactivación económica, y sin ésta, la seguridad pública se agravará.
        Y esa reactivación, si fuese bien proyectada, se llevará muchos años, en el mejor de los casos.
        Ya que, con los proyectos electoreros de AMLO, las limosnas oficiales son para consumo, y no para producción. Y México debe producir mucho y de calidad, para distribuir mejor y con justicia.
        AMLO con su 4T ha podido, y puede, destruir instituciones en un día, pero la reconstrucción, a los mexicanos, nos llevará años.
        Esa luz a la salida del túnel (que ve AMLO), cuidémonos que no sea la prematura consecuencia malhadada del tren maya, proyecto acaso seductor, pero pésimamente premeditado por una lerda tropa electorera hecha gobierno.
        Mientras, la cifra de homicidios en lo que va de esta administración obradoriata es más de 80 mil seres humanos, según datos periodísticos.
        Y AMLO, al querer romper la economía neoliberal y conservadora, ha terminado quebrando a la economía mexicana. Tal es su ineptitud marrullera; dándole en la madr…
        ¡Ah!, perdón y, por cierto, pronto será Día de la Madre, nuestra Coatlicue, nuestra Eva, en nuestro mestizaje mexicano, al que el abogado liberal Alfredo Chavero (1841-1906), autor de la primera parte de la gran obra: México a través de los siglos, citara como “el árbol de leche de los niños vivos”, y “el árbol de leche de los niños muertos”.
        Honor y reconocimiento, siempre, para todas las madres mexicanas.

martes, 28 de abril de 2020


LOGOS
AMLO y su rama dorada
DIVIDEN A LOS MEXICANOS
                Cada día es más frecuente que el presidente Andrés Manuel López Obrador (en sus decires y decisiones) parta de un error, transite por equívocos, y concluya en desliz.
                AMLO agrava todo al ejercer como poder ejecutivo, poder legislativo y poder judicial, en los voluntariosos momentos que siente la necesidad de manifestar el absolutismo a su manera tabasqueña.
                Idealmente, en su esquema mental, sólo el “pueblo” está por encima de él; pero, en la realidad, AMLO actúa con la certeza de que él personifica al “pueblo”, sin entender que el pueblo es una ficción, pues sólo existimos, como mexicanos, 130 millones de seres humanos que sufrimos sus prepotentes y errados actos de autoridad.
                El fondo de todo poder político lo estudió con riguroso procedimiento científico el irlandés James George Frazer (1854-1941), quien investigó ese voluble y profundo vínculo entre el pueblo, su gobernante y dios, con raíces mágicas, religiosas y políticas.   
                En sociedades antiguas visualizó y documentó la estructura del poder, y uno de los denominadores comunes encontrados fue: el rey que no sirve debe ser eliminado.
                Esa síntesis, en sus variables concretas, forma un llamativo abanico de casos, en donde la población desintegra a sus gobernantes.
                Hoy y aquí, es decir, en el México del 2020 las soluciones a tales dilemas están reguladas constitucionalmente; empero, pervive el tabú o temor de utilizarlas, aun cuando el presidente esté agotado, confundido, o sea un inútil.
                El mismo Andrés Manuel fue quien afirmó que para ejercer cualquier cargo público en su administración se requería el 99% de honradez y el 1% de capacidad; a no dudarlo, ahí quiso describirse a sí mismo, atinando en lo de su escasa lucidez, y cometiendo desatino en lo de su honestidad, virtud que parece serle ajena.
                Beatriz Pagés lo describe con todo cuidado: “Es hora de buscar a un presidente”, pues el que está “ya no puede; su capacidad política, intelectual y emocional, llegó a una situación límite… perdió totalmente la perspectiva de la realidad y no tiene respuestas para evitar el derrumbe”.
                Vaya encrucijada para los mexicanos. AMLO, quien fanfarroneaba que, con su simple llegada a la presidencia, iban a resolverse los problemas de corrupción, inseguridad, económicos, laborales, de salud, políticos, educativos y “todos los males neoliberales”, no ha resuelto ninguno de ellos; los ha agravado todos.
                Y, en cambio, exhibe su peligrosa incapacidad, su soberbia totalitaria, su proclividad a la mentira y su servilismo al presidente Trump.
                Mal para México que siga gobernando así, y mal para los mexicanos si le buscamos sucesor al filo de tan agudos conflictos.
                Para colmo, la confluencia de esos males se enreda más, ya que el presidente López Obrador está tercamente seguro de que los mexicanos estamos felices, felices, pero muy felices, con él y su monocorde, grotesco y repetitivo discurso, y con sus caprichosos proyectos.
                Y a su derredor, para rematarnos, su rama dorada sólo sabe alabar a la divina persona de Andrés Manuel, sin mirar esos lacayos (ni su amo) que estamos por entrar a un caos de dimensiones enormes.
                Si nos unimos los mexicanos, reduciríamos los efectos de esa amenaza, con una acertada orientación económica y de salud; pero para unirnos no contamos con el presidente AMLO, ya que él es el gran generador de la desunión nacional.

lunes, 20 de abril de 2020


LOGOS
AMLO y su rompecabezas
EL GATO VEGETARIANO
        Un ser microscópico como el covid19 (creado en laboratorio o sin acción humana) está causando tremenda mortandad y crisis en todo nuestro planeta y, para mal de la humanidad, podría ser la primera llamada de más graves sorpresas.
                Lo que padecemos, ahora, sería poco, si empezara una guerra mundial con armas atómicas, o si nos llegara un asteroide destructor, o la imprevista visita de seres extraterrestres en actitud de conquista.
                Penosamente carecemos de líderes preparados.
                Ante el coronavirus, Donald Trump ha sido un cero a la izquierda, y la cantidad de muertos e infectados es un punto negativo que puede descarrilar su auto deseada reelección presidencial.
                El presidente Andrés Manuel López Obrador sigue en esos sueños mareadores de poder, sin saber articular su puzle, ese importante juego que es el saber armar, cada seis años en México, el rompecabezas nacional.
                En cerca de dos años de ejercicio presidencial, AMLO ha perdido piezas de ese puzle, otras las ha roto, muchas las ha despreciado, genera confrontaciones entre algunas, y constantemente pelea grotescamente en contra de ellas.
                Así, nunca podrá armar el rompecabezas nacional que a cada presidente le corresponde, como tarea de ejercicio para unir esas porciones y construir bases sólidas, a efecto de resolver los problemas que recibe, y los que él mismo crea.
                Nunca AMLO ha podido entender que no hay más cera que la que arde; jamás comprenderá que tiene que trabajar con aproximadamente 130 millones de mexicanos, y que debe unirlos a todos.
                No puede vaciar de mexicanos el territorio patrio, para llenarlo de cubanos, estadunidenses, chinos o rusos. Debe ser un nacionalista honesto, dentro de la solidaridad internacional.
                Y a todos los mexicanos nos duele como AMLO se ha convertido en servil capataz de la zona sur de la patrulla fronteriza del presidente Trump, frenando y custodiando a los migrantes que quieren vivir en el falso sueño americano, por la dura realidad que padecen en sus países de origen.
                Nos apena, también, que la mayoría de los mexicanos haya perdido la confianza en AMLO, lo que motiva que éste, para frenar su caída en aceptación, promueva investigaciones sobre corruptelas de su antecesor Enrique Peña Nieto y otros colaboradores peñistas, escondiendo mañosamente su intención, como el gato vegetariano que describe el sutil escritor japonés Haruki Murakami.
                Un ratón fue acorralado por un gato en el desván, y aquél dijo temblando: “no me coma señor gato, mis hijos me esperan hambrientos”. El gato respondió: “no te comeré, soy vegetariano, y nunca miento”. Pero al irse el ratón dando las gracias, el gato lo inmovilizó con sus zarpas y le clavo los dientes en el cuello; y el ratón expresó en reclamó: “dijiste que eras vegetariano y que nunca mentías”, respondiendo el gato: “soy vegetariano, no miento, y no te comeré. Sólo te llevo con los gatos carnívoros para cambiarte por lechuga”.
                Si hay alguna similitud de este cuento, con la realidad mexicana, es mera coincidencia.


lunes, 13 de abril de 2020


LOGOS
AMLO y su pobremanía
PRODUCIRÁ MÁS POBRES
     “Primero los pobres” es una vieja frase usada por muchos antepasados. El presidente Andrés Manuel López Obrador (sin reconocer autoría) se la apropió, y la aplica como un mandamiento religioso o un imperativo categórico moralista.
     Filósofos, papas y políticos, han esgrimido esa expresión, en diversas formas.
     Daré dos ejemplos.
     Demócrito de Abdera (460-370 a. de n. e.) escribió: “… los pobres y la pobreza en la democracia tienen prominencia, para no padecer la prosperidad de los tiranos”. El ex gobernador tabasqueño Enrique González Pedrero aseveró: “Por el bien de todos, primero los pobres”.
     AMLO repite esa aseveración mecánicamente y la usa de manera rústica, al no tener una ideología bien estructurada, transformándola en una cándida y resbaladiza manía.
     De esa locución retórica orientadora ha hecho un instrumento para operar a diario, sin ton ni son, entre los oleajes sinuosos del capitalismo salvaje que sigue vigente, capoteando la pandemia del coronavirus.
     Primero los pobres. ¿Qué debe entenderse por pobres, en economía? Contesto a la pregunta viendo el extremo máximo del concepto: los que no tienen trabajo ni vivienda ni comida ni agua ni educación, ni futuro de superación a la vista.
     El punto relativo de partida, obvio, son quienes sí tienen algo de lo anotado anteriormente.
     Quienes estén en esa excesiva miseria, quienes sobreviven en pobrezas menos duras, y quienes siendo pobres estén a punto de llegar a la clase media baja, ¿para qué son primero?, ¿para darles dinero como limosna gubernativa, y convertirlos en electores cautivos?; o, ¿los queremos primero para mejorar su educación cultural e insertarlos en estructuras productivas que les produzcan ingresos remuneradores y desarrollo?
     Pero las dádivas de AMLO, constituciones ahora, tienen sentido electorero y anclan en la pobreza a los receptores de la caridad.
     Tan real es lo anterior, como cierto es que vivimos en un sistema capitalista en donde los controles del engranaje se encuentran diseminados por el mundo, teniendo como eje y autoridad al gobierno de los Estados Unidos de América, para muchas naciones que giramos en su órbita.
     Todo capitalismo está integrado por dueños del capital, y por trabajadores; éstos por su esfuerzo productivo obtienen unas prestaciones con salario. Y los pobres, los que ni siquiera tienen trabajo, sirven para aumentar la oferta de mano de obra, abaratándola.
     Ante esa verdad, el autoritarismo de AMLO es confuso y errático.
     Si quiere acabar con el capitalismo en México, que lo diga francamente.
     Si lo que pretende es mejorar al capitalismo en México, para que no sea tan salvaje, que lo hable con claridad.
     Si lo que desea es que los dueños del capital ya no sean las familias Slim, Larrea, Salinas, Bailléres, Gonda de Rivera, y Aramburuzabala; sino pretende cambio de multimillonarios, para que ahora sean las familias que AMLO diga e imponga, que lo exprese con precisión.
     Al no ser diáfano, lo único que hace López Obrador es tontear a costa de la economía mexicana, la que tiene un capitalismo que ya ni siquiera es nacionalista, sino que es internacional.
     Si lo primero son los pobres, a quienes la mayoría de los mexicanos deseamos auxiliar eficaz y honestamente para que dejen de ser pobres, ¿por qué AMLO se empeña en que sigan siendo pobres, aplicando una política de pordioserismo improductivo electorera que provocará que los 130 millones de mexicanos seamos pobres?
     Anda mal el presidente.
     A mí no me agrada el sistema capitalista, pero mientras vivamos en él, es necesario distribuir mejor la riqueza producida, mejorando y fortaleciendo al capitalismo.
     Pero si destruimos al capitalismo, sin tener un mejor modelo económico superior, lo único que obtendrá esta generación es mayor miseria.
     La pobremanía (o manía por los pobres) de AMLO, conduce a México al aumento de indigentes, agravando la pobreza.

miércoles, 8 de abril de 2020

LOGOS
Días de guardar
CADA QUIEN SU CRISTO
                Todo cambia, hasta el cambio cambia, y el cambio del cambio también cambia. Nada está fijo. Nada es inamovible.
                La cultura hebrea, su Biblia, el dios de ese libro de libros con sus tres personas distintas, pero un solo dios verdadero, han venido cambiando con el decurso de los siglos.
                No es igual el dios hijo que anunciaron los profetas de Israel, que enviaría dios padre a su pueblo hebreo elegido (y que aún no llega como lo asegura el judaísmo), al dios hijo que, según los romanos creadores del cristianismo, ya llegó desde hace más de XX siglos.
                Ese Jesucristo que ya llegó difiere poco, algo o mucho, según sus biógrafos; incluso los oficiales: Mateo, Lucas, Marcos y Juan.
                Y vaya que es bien diferente el personaje recreado y adoptado por el Imperio Romano en el primer Concilio de Nicea (actual Iznik, en Turquía) convocado y orientado por Constantino en el año 325 de nuestra era, al Jesucristo que detalla el florentino Giovanni Papini (1881-1956) en su Historia de Cristo, o al que describe el londinense Robert Graves (1895-1985) en su libro Rey Jesús.
                Papini gozó de fama de ateo, y terminó siendo un creyente a su manera, escribiendo con la abundante fuerza de sus conceptos uno de los mejores evangelios.
                Escribió Papini casi en sus primeras líneas: “… los que se dicen ‘espíritus libres’… deliran por asesinar por segunda vez a Jesús. Por matarlo en el corazón de los hombres… esta segunda agonía de Cristo estaba en los penúltimos estertores, se adelantaron los necróforos búfalos presuntuosos que habían tomado las bibliotecas por establos, cerebros aerostáticos, que creían tocar el cielo subiendo en el globo de la filosofía…”
                Para al final, después de analizar con su estilo las etapas de la vida de Jesús, sentenciar: “¡oh, Crucificado!, que fuiste atormentado por amor nuestro, y ahora nos atormentas con todo el poderío de tu implacable amor”.
                Graves, en cambio, subraya que escribe “… la historia del hacedor de maravillas Jesús, legítimo heredero de los dominios de Herodes, rey de los judíos, que en el año quincuagésimo del emperador Tiberio fue condenado a muerte por Poncio Pilatos, gobernador general de Judea”; es decir, observa y describe a un Cristo que, en el fondo de su vida, es generador de un gran fenómeno político, ya que no era ni hijo de dios ni un profeta ni mago espiritual, sino un sucesor auténtico del trono, que terminó en una tragedia.
                Casi al final dice Graves que José de Arimatea logró que Pilatos le entregara los tres cuerpos de los crucificados, y que el fariseo rico Nicodemo “envió a José un costoso paquete de mirra y áloe con un mensaje: Para el entierro de cierto hombre inocente”.
                Ultimando Graves: “… Jesús sigue viviendo como un poder ligado a la tierra… aún no ha ascendido al cielo. Es un poder del bien… en tanto que los demás poderes de la tierra son malignos”.
                Si reuniéramos todo lo que se ha apuntado sobre Jesucristo y su pasión, nos daríamos cuenta de que cada uno de los escritores tiene su propio personaje, y lo presenta con naturaleza y rasgos propios de su deseo creador.
        Los días de guardar también han cambiado, ahora sobre todo son por razones sanitarias de coronavirus; empero, la figura de todo ser humano en donde prevalezca lo bueno como virtud, debe servirnos siempre de arquetipo.