lunes, 31 de mayo de 2021

 LOGOS

Frenemos al presidente

VOTAR CONTRA LO PEOR DE HOY

        Desde la presa La Angostura, en Chiapas, el presidente Andrés Manuel López Obrador mensajeó con espíritu angosto, cercano a la elección: “Contra viento y marea y aunque no le guste a The Economist, a los conservadores ni al sabiondo de Gabriel Zaid, la transformación pacífica, democrática y con dimensión social es imparable”.

        Como nadie puede parar lo que no existe, el presidente acierta. Lástima que escupa contra el viento desatado y la brava marea.

        Explicaré.

        Observen honrada y cuidadosamente a su derredor, ¿notan alguna transformación pacífica y democrática?

        En la salud popular, educación, política, economía, seguridad pública, en las calles, mercados, en el hogar, el gobierno, ¿notan alguna transformación pacífica y democrática?

        Por lo que a mí respecta, veo que todo sigue empeorando, con creciente violencia, con agravada pobreza, y sin transformación positiva a la vista.

        Por ello, nadie puede parar o detener una transformación que no existe.

        Los presidentes de México próximo anteriores fueron, a veces, buenos, mediocres, y malos; en ocasiones, con márgenes aceptables de honradez, raterillos, o escandalosos sinvergüenzas.

        ¡Pero ya pasaron!; ellos ya no están en el poder, ni siquiera están en la cárcel, como algunos lo merecían.

        El presidente actual, Andrés Manuel, no los ha denunciado ante la fiscalía, y no ha aportado pruebas contra ninguno de ellos, por lo que es cómplice de esos supuestos procesables.

        El próximo domingo 6 de junio, día de elección, sería bobo si votamos en contra de lo malo del pasado, más cuando el presente está peor.

        Mi voto será en contra de lo pésimo de ahora.

        Es el sentido del votar: calificar o descalificar a quien ejerce el poder el día de la elección.

        Nuestro deber es calificar al presidente Amlo, quien escogió a todos los actuales candidatos de morena, a capricho y a su antojo, tomados del cascajo, de la basura (al menos la mayoría), por ser el material humano del que dispone en su horizonte limitado.

        Dice Ifigenia Martínez, según versión de Porfirio Muñoz Ledo, que “el presidente sigue siendo de pueblo chico”.

        Los foros internacionales lo ofuscan, lo incomodan; en ellos teme hacer el ridículo y, en efecto, lo hace.

        Su único viaje al exterior fue a Washington, D.C., por disposición del presidente estadunidense Donald Trump; y, de inmediato, el presidente mexicano se puso al servicio del presidente gringo, dejándose usar como un ridículo objeto en la frustrada reelección de Donald.

        A López Obrador le aterra la crítica extranjera, sobre todo la de los medios de comunicación masiva.

        Recientemente The Economist le dedicó su portada, con una opinión severa de su ejercicio presidencial, y bajo el título: “El falso mesías mexicano”.

        De inmediato Amlo contestó a esa revista: “Majadera, grosera, mentirosa”.

        Tres calificativos que constantemente recibe, también, el presidente Andrés Manuel, por conductas no dignas del cargo que ostenta: “majadero, grosero, mentiroso”.

        Pero, de las cuatro palabras: “El falso mesías mexicano”, la única que le punzó fue la de “falso”, ya que las otras tres las hubiera agradecido: “El mesiánico mexicano”.

        Recuerda, estimado lector, cuando sus agachones y zalameros aplaudidores le calificaron: “Amlo es como dios”, “observen como resplandece su aureola de santo”, “todo en él es divino”.

        Y López Obrador, ante tan falsos guayabazos de sus lamebotas, calla y otorga.

        Así que para él la única ofensa fue: “falso”.

        Frenemos con nuestro voto al presidente Andrés Manuel López Obrador, sin destituirlo.

        Urge crearle contrapesos, para que no siga dividiendo a los mexicanos ni destruyendo al país.

 


lunes, 24 de mayo de 2021

 LOGOS

Amlo, despotismo iletrado

HACEDOR DE MUERTOS, HUERFANOS Y POBRES

        El comandante de las fuerzas armadas de México es, actualmente, el presidente Andrés Manuel López Obrador y, por ley, todos los integrantes de esas corporaciones le obedecen. ¡Tal es la disciplina!

        El almirante José Rafael Ojeda Durán funge como secretario de Marina, y él sólo dice lo que ordena el presidente, cuantimás si habla en la suprema tribuna de la nación: la mañanera.

        Así, recién aseveró el obediente almirante: “Parece ser que el enemigo lo tenemos en el poder judicial”; y, nervioso, esperó la orden para atacar.

        Sin tardanza, tanto la asociación de magistrados y jueces de distrito, federales, como el propio presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y del Consejo de la Judicatura, respondieron con exactitud jurídica y mesura ética.

        En el fondo, el problema no es entre la Secretaría de Marina y el Poder Judicial de la Federación; es un conflicto interno del propio presidente, quien practica una ambición desmedida y desquiciada de poder.

        Todos observamos, si somos honestos, que el presidente en funciones no ha podido ni con el poder ejecutivo; obvio, también carece de capacidad para manejar los dos poderes restantes.

        Enredado en su codicia, el presidente nos causa tristeza, decepción e intranquilidad; por esto, no votemos por él ni por ninguno de sus ciegos zombis.

        El Poder Judicial Federal no es perfecto, pero es más imperfecto el poder ejecutivo federal; y, ahora, el poder legislativo federal, en las ineptas manos del presidente del país, es desastroso.

        Dentro de las funciones del Poder Judicial Federal tenemos el juicio de amparo, las controversias constitucionales y las acciones de inconstitucionalidad, y para ejercer legal y debidamente esta atribuciones, el PJF requiere del pleno ejercicio de la soberanía que tiene a su encargo.

        La soberanía nacional reside esencial y originalmente en el pueblo, y el pueblo ejerce su soberanía por medio de los tres poderes de la unión; cada uno dentro de sus atribuciones constitucionales.

        El artículo 49 de nuestra Carta Magna es muy claro: “… No podrán reunirse dos o más de estos poderes en una sola persona”.

        Si el presidente López Obrador no quiere cumplir con la Carta Magna, y la quiere mandar “al carajo”, frenémoslo con nuestro voto, para que respete el ejercicio soberano de los otros dos poderes.

        Los autócratas del siglo XX fueron: Hitler, Mussolini, Hirohito y Stalin. El Estado era cada uno de ellos, en su respectiva nación.

        Nada ni nadie los frenaba, pues el derecho lo imponían ellos a su personal conveniencia.

        En el México de ahora necesitamos luchar por la exacta vigencia y positividad de los Derechos Humanos y sus Garantías.

        Nuestro Poder Judicial Federal tiene a su cargo no permitir la violación de esos garantizados derechos, frente a todas las autoridades violadores de esas facultades fundamentales, sea el transgresor el presidente o el secretario de Marina y, con mayor razón, si el violador de derechos humanos garantidos es el crimen organizado, protegido por quien les promete abrazos y besos.

        Ese amoroso presidente mexicano, con su autoritarismo macuspano, se ha convertido en el gran hacedor de muertos, viudas, huérfanos y pobres.

        El 6 de junio próximo, todos a salir a votar contra de ese despotismo iletrado, y sus pésimas consecuencias.

 


lunes, 17 de mayo de 2021

 LOGOS

Compra de votos

MONOPOLIO DEL PRESIDENTE

        Cada día que pasa, los adversarios del presidente tienen más razones para criticarlo.

        Y entre más avanza el sexenio del obradorato, sus ciegos seguidores exhiben más su bajeza al elogiarlo.

        El desgaste en el ejercicio del poder es natural, pero Andrés Manuel se ha encargado de acelerar su propio desprestigio.

        Ahora, en su palaciego escaparate cotidiano de alcance nacional, confiesa el presidente López Obrador: “claro que estoy metiendo las manos en las elecciones”, a sabiendas, supongo, que conoce las penas para los delincuentes electorales.

        Pero abusa de su poder el ejecutivo federal. No ignora que su partido (morena) puede perder las próximas elecciones. Calcula costo beneficio, y opta por violar la legislación electoral para no hundirse, introduciendo sus mañas e influencia en los próximos comicios.

        El presidente sigue teniendo fuero, aunque lo niegue mentirosamente López Obrador.

        Para que se proceda en contra del presidente, son necesarios los votos de las dos terceras partes de los senadores presentes en sesión, conforme al artículo 111 constitucional. En esto consiste parte de su fuero.

        Y el artículo 355 del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales sólo da para que se le integre un expediente, se remita a su superior (y al no tener él superior), se turne el caso a la Auditoría Superior de la Federación, institución, al parecer, a su servicio.

        Mientras que el Código Penal Federal, en sus artículos 212, 401 y 417, no tipifica esa turbia e inmoral conducta del presidente con la exactitud que exige el 14 constitucional, en materia penal.

        ¿Qué más queda?

        Salir todos a votar en legítima defensa el domingo 6 de junio del año que transcurre, contra el autoritarismo presidencial.

        El presidente de la república sigue alocada e ilícitamente atacando a los candidatos y partidos políticos opositores que les nota posibilidades de triunfo, o a los gobernadores que se le resisten.

        No se lanza en contra de sus candidatos ni de su partido ni de sus gobernadores, quienes también llevan a cabo las mismas tácticas electorales del mercantilismo en boga.

        Y lo más grave es que el presidente ha venido haciendo algo similar, pero en grande, más sucio y recriminable: regalar apoyos a adultos mayores, becas a niños y jóvenes, y sueldos a servidores o vividores de la nación, comprando electoralmente, así, la voluntad de muchos necesitados.

        A esos necesitados les sugiero gastar bien el dinero de nuestros impuestos; pero, se sentirán mejor si votan en contra del presidente corruptivo.

        López Obrador no quiere competencia. Decidió, con el dinero del erario, comprar votos; y, en ello, él quiere tener el monopolio.

        En cambio, los mexicanos estamos en contra de la compra de votos, comenzando por la ilícita adquisición del sufragio efectuada por el presidente Andrés Manuel López Obrador.

        Esa táctica electoral lo convierte en el primer corruptor del país.

        Cada administración presidencial tiene y despliega su propia corrupción.

        Le ha dado por señalar, al actual presidente, que él no es igual a sus antecesores; y relativamente tiene razón, ya que la corrupción tiene muchos nombres, rostros, lenguajes, niveles, características, tiempos y circunstancias.

        El senador Monreal denuncia un embate al presidente AMLO; y no es así. López Obrador se embate, solo, a sí mismo. 

        Mal cita Andrés Manuel al Nuevo Testamento: “Ni tampoco echen el vino nuevo en pellejos viejos, porque si esto se hace revienta el pellejo, y el vino se derrama y se pierde”. Mateo 9, 17.

        Y aplicado ese evangelio, en el caso concreto del presidente López Obrador, sus palabras y sus actos son muy viejos y, él, está muy distante de ser pellejo nuevo.

 


lunes, 10 de mayo de 2021

 LOGOS

Agitan al hormiguero

EMBRUTECIDOS POR EL ODIO

        Carece de madurez el presidente de México y, por desgracia, no es sensato.

        Esas deficiencias afectan a sus mejores propósitos, y apremian a que todo se le derrumbe, en su derredor y en su contra.

        El arquitecto Salvador García Espinosa recordó a detalle, en su columna Urbanópolis, el trágico desplome del colegio ubicado en Tlalpan, en donde en 2017 la delegada Claudia Sheinbaum, hoy jefa del gobierno de la Ciudad de México, fue protagonista.

        En ese entonces no se localizaba a la directora del plantel en derrumbe, y Sheinbaum ofreció cinco millones de pesos a quien diera información del paradero de esa directora responsable.

        Semanas después se le detuvo. No era ella la única culpable de la mala construcción del edificio. En gran parte, había responsabilidad del gobierno de la CDMX, por incumplir su deber de aplicar, en construcciones privadas, la reglamentación legal correspondiente.

        Hoy el caso del metro, en la línea 12, es obra pública edificada por el gobierno y bajo su encargo el mantenimiento, la culpa es totalmente de los funcionarios a cargo de lo construido, y de los funcionarios con atribuciones para su mantenimiento.

        Los supuestos irresponsables, a la vista, son Marcelo Ebrard, Mario Delgado, Florencia Serranía y Claudia Sheinbaum, y los cuatro, demasiado cercanos al presidente.

        Para buscar a los culpables de esa dolorosa tragedia en el metro, ya ninguna autoridad ofrece cinco millones de pesos a quién dé informes de su localización.

        La ciudadanía los tiene bien ubicados, por más que el presidente instrumente un pronto olvido.

        26 homicidios, 80 lesionados y 1 desaparecido; los mismos funcionarios hitos al presidente; y, las mismas compañías constructoras del tren maya y refinería de Dos Bocas.

        El embudo presidencial es burdo y palurdo.

        Toda la culpa para los enemigos del presidente; y el perdón y la disculpa para sus parientes, cuates y colaboradores.

        Ni para eso es discreto y mesurado. El escándalo y lo grotesco es lo suyo.

        Mortifica a los mexicanos observar que el ejecutivo federal,  desde su atril presidencial (de cada mañana), juzgue y condene sumarísimamente al empresario Claudio X. González como “traidor a la patria”, sin darle derecho a audiencia, y careciendo de facultades judiciales para condenarlo.

        Invito al presidente, y a todos, a leer el artículo 123 del Código Penal Federal, su primer párrafo y sus XV fracciones, en donde se tipifica la “Traición a la patria”, para que nos demos cuenta del ridículo que hace Andrés Manuel López Obrador al aplicar este precepto, con independencia de que estemos o no de acuerdo con ese señor X, tan absurdamente enjuiciado.

        El odio embrutece; y aunque el presidente asegure que él no odia, todo en su rostro, en sus manos, en sus ojos, en sus palabras y acciones, trasuda rencor, y agita al hormiguero.

        ¿Que por qué no fue el presidente de México al lugar del desastre de la línea 12 del metro?

        A eso contestó: “Al carajo el estilo demagógico”.

        ¡Por fin!, qué bueno que el presidente se cansó de traer esa careta de demagogo.

 


lunes, 3 de mayo de 2021

 LOGOS

Educación para todos

INCLUYENDO AL PRESIDENTE

        Ojalá y exclusivamente la Secretaría de Educación Pública estuviera en deterioro.

        La realidad, a fondo, es lamentable. Lo que está en descomposición es todo el fenómeno educativo de México.   

        Claro que los fenómenos sociales de nuestro país (como los de todas las naciones del mundo) son partes de un todo.

        Si nuestra economía, salud, seguridad pública, ética, derecho, política, relaciones laborales, religiones, cultura,  andan mal y reprueban, nuestra educación está por los suelos, o abajo de ellos.

        No olvidemos que la educación, entre muchas otras misiones, informa y forma conciencias humanas, ante la circunstancia que nos rodea, y frente a nuestro propio sistema nervioso central.

        Hablar de la educación, por ende, es tratar de un tema superior, que consterna verlo en quiebra, y por lo que no podemos quedarnos impasibles.

        El gravísimo desorden educativo tiene variedad de causas, antiguas y nuevas, no todas a la vista, pero la mayoría, agravadas por el autoritarismo e ignorancia del actual presidente de México.

        Citaré algunos motivos: la pandemia del corona virus, los diez millones más de pobres generados de dos años a la fecha, las equívocas y cambiantes políticas en la enseñanza aprendizaje, la insensatez dominante de no precisar, en la práctica, los fines, los medios, la rectoría, los instrumentos, la calidad, la cantidad, lo laboral, lo pedagógico, la investigación, los conocimientos, las evaluaciones, y otras pequeñas cosillas que estructuran un sistema educativo.

        En nuestro pasado hemos tenido, en el poder, excelentes equipos de educadores; por ejemplo, los encabezados por Justo Sierra, José Vasconcelos, o Jaime Torres Bodet.

        Ahora en la Secretaría de Educación Pública está, simplemente, Delfina Gómez Álvarez.

        Y no se observa ni teórica ni prácticamente ningún plan, ni programas ni proyectos, para resolver los problemas educativos que nos deja el covid-19, pandemia que agregó nuevas dificultades a la educación, aparte de agudizar las ya existentes.

        No desconozco, y admiro, el esfuerzo de auténticos educadores que por decenas de miles existen en el México actual. Ellas y ellos son los que han salvado algo del naufragio.

        Pero también padecemos decenas de miles de vividores de la educación; y gran parte de las autoridades educativas, encabezadas por el presidente, acaudillan a estos charlatanes.

        Las familias sanas y los maestros serios encuentran en los hogares, en las escuelas, en los barrios, en las calles, en las conductas de los poderosos y en los medios de comunicación masiva, una pudiente contraparte.

        Los niños, los adolescentes, los jóvenes y los adultos, tienen mirando notas sobre crimen organizado, asesinatos, robos, mentiras, lesiones, fraudes, traiciones, estupros, violaciones, feminicidios, secuestros, corrupción y violencia generalizada, en todas las horas de su día, durante todos los años de su existencia.

        Todo retroalimenta a todo.

        Y el gobierno mexicano no entiende nuestra degradación imperante. Sólo busca saciar su odio en contra de expresidentes, conservadores y neoliberales, pero ni eso hace bien, pues nadie está en la cárcel por ello.

        Los funcionarios públicos siguen delinquiendo, aprovechándose de la ignorancia de la masa.

        El naturalista inglés Charles Darwin (1809-1882) lo explicó en su libro La descendencia del hombre: “… con frecuencia la ignorancia engendra más ilusión que el conocimiento…”

        Cierto, la ignorancia de un presidente y de su masa humana nos hace mucho daño, nos arroja a una ilusión sin base ni futuro: nos frustra.

        Tenemos por delante una labor inmensa, pero urge educar a todos, incluyendo al presidente.

  


     

domingo, 25 de abril de 2021

 LOGOS

Gobiernos pésimos

MÉXICO BAJO FUEGO

        Los bosques de México, como gran parte del país, están bajo fuego. El gobierno actual ha desarticulado, técnica y económicamente, lo poco que había para combatir los incendios forestales.

        Esperar a que lleguen las lluvias es lo más eficaz de la política oficial, actual, en esa materia.

        Acontece en los asuntos de seguridad pública algo parecido; bajo el fuego de las armas de alto poder está la vida de muchos mexicanos.

        Las balas y las llamas afectan a la existencia humana, tanto, como el covid en el desorden de la salud pública nacional.

        Todo eso es producto de los malos gobiernos que hemos padecido; y las autoridades de ahora son peores, pues las sufrimos en el presente como basura infame con poder.

        El filósofo danés Sören Kierkegaard (1813-1855) escribió en su libro Diapsalmata: “En un teatro se declaró un incendio en los bastidores. Salió el payaso a dar la noticia al público; y éste, creyendo que se trataba de un chiste, aplaudió. Repitió el mimo el mensaje, y los asistentes le aplaudieron más; así, pienso yo que perecerá la masa humana, con el júbilo populachero motivado por cabezas chistosas, y creyendo que se trata de un chiste”.

        El chistoso presidente mexicano asistió, recientemente, a la Cumbre de Líderes sobre el Clima convocada por la ONU.

        A causa de la pandemia esa reunión fue virtual. 40 líderes mundiales hablaron del tema, y formularon sus compromisos.

        Esa trascendental cumbre de líderes mundiales coincidió con la diaria conferencia llamada la mañanera, circo presidencial que, organizado a capricho del presidente mexicano, constituye lo más importante en su trabajo cotidiano.

        El presidente prefirió su mañanera, y abandonó la cumbre de líderes, faltándoles al respeto a todos los asistentes, ya que sólo se conectó al evento internacional para hacer uso de la palabra, retirándose de ella, sin escuchar a nadie.

        El presidente de México ponderó su proyecto “sembrado vida”, cuando su política ha generado centenas de miles de muertos.

        Como siempre mintió: “mi proyecto sembrando vida es el esfuerzo más grande del mundo sobre reforestación”; pero en los años 2019 y 2020 México perdió más de 350 mil hectáreas de bosque, y hoy las llamas las vemos arrasantes, y el humo de las quemas llega hasta nuestro hogar.

        Ese proyecto del presidente no es grande, es grandísimo como mentira.

        Y las enormes falsedades, aunque sean gubernativas, no las podemos exportar a Centroamérica; ni es ético recomendarlas al presidente Joe Biden de los EU como medicina contra la migración.

        El canciller mexicano Marcelo Ebrard ha dado a conocer que el 7 de mayo próximo habrá una comunicación cibernética entre la vicepresidente de EU Kamala Harris y el presidente mexicano.

        Deben de cuidar que esa entrevista virtual no sea a la hora de la mañanera, pues se corre el riesgo de que nuestro ejecutivo federal vuelva a ser majadero.

        Un consejo para EU y Kamala, todos los dólares que inviertan, adminístrenlos ustedes con mucha honradez y eficiencia. No se les ocurra dárselos al actual gobierno mexicano ni a ningún otro, pues sólo generan corrupción y más corrupción.

        Que cada dólar invertido luzca en las manos correctas, y cumpla, así, con exactitud su fin.

 


lunes, 19 de abril de 2021

 LOGOS

Golpes gorilescos

LOS DIOSES NO TIENEN TRASERO

        Beatriz Pagés con acierto asevera que “Salgado Macedonio es la esencia de lo que representa el régimen lopezobradorista”.

        Varias personas de diversas tendencias, entre las que se encuentra el senador morenista Germán Martínez, afirman que “Félix Salgado es el rostro de la 4T”.

        No hay duda de que ese Macedonio se ha convertido en personaje siniestro, sembrador de bravuconadas sin sentido, fantoche y violador, según denuncias.

        Sus supuestas violaciones son penales, y también electorales.

        El INE le aplicó a Félix (aspirante a la gubernatura de Guerrero), como a otros precandidatos, la única sanción que establecen los artículos 229 fracción 3, 445 inciso d), 456 inciso c), fracción III, de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales.

        “Si un precandidato incumple la obligación de entregar su informe de ingresos y gastos de precampaña dentro del plazo establecido, y hubiese obtenido la mayoría de los votos en la consulta interna o en la asamblea respectiva, no podrá ser registrado legalmente como candidato… y si ya está hecho el registro, se cancelará.”

        ¡Ésa es la única sanción!, no hay otra.

        ¿Es excesiva? Esta pregunta es irrelevante, pues lo ordena la ley que el mismísimo Andrés Manuel López Obrador impulsó, cuando fue opositor.

        Es una sopa de su propio chocolate; y de chocolate saben todos los miembros de la familia del presidente Amlo, ya que han establecido una industria chocolatera próspera, bajo la sombra del poder.

        Pero esa legal y debida aplicación de la ley se ha convertido, para Andrés Manuel y todos sus ciegos seguidores, en un terrible agravio.

        Y como gorilas se dan golpes de pecho, con el ánimo de infundir terror en instituciones y personas; y como toros embravecidos tratan de arremeter al que se les oponga.

        Con el Tribunal Federal Electoral no tienen problemas esos supuestos agraviados; la mayoría de los magistrados que lo integran son ofuscados amlovers.

        Sin embargo, no es nada fácil para ese tribunal obsequioso, ya que reconoció oficial y públicamente que los precandidatos sancionados sí actualizaron las faltas establecidas en las hipótesis jurídicas de la ley; y esa ley, repito, tiene exclusivamente esa sanción: no registrar o perder el registro.

        ¿A quién le harán caso esos magistrados, a su dios Amlo o a la Ley?

        Y no sólo para lo electoral, sino para algo más delicado: el proyecto de nueva Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación, equívocamente aprobado por el senado; donde en artículo transitorio otorgan inconstitucionalmente dos años más como presidente ministro de la SCJN a Arturo Zaldívar Lelo de la Rea, como si le pagaran un soborno o lo estuvieran cohechando.

        El cuarto párrafo del artículo 97 de nuestra Carta Magna es claro, y no pude ser reformado por un artículo transitorio, ni por el senado ni por el Congreso de la Unión, sino sólo por el Congreso Constituyente Permanente, y lo que este constituyente aprobara no puede ser retroactivo: “Cada cuatro años, el Pleno elegirá dentro de sus miembros al presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el cual no podrá ser reelecto para el periodo inmediato posterior.”

        Y López Obrador arteramente dijo, primero, “no sé nada, pero estoy de acuerdo con que Zaldívar siga como presidente”; y, después, confesó que él lo había propuesto.

        El jesuita del siglo XVII Caspar Wanderdrossel, personaje del que escribió el argentino Jorge Luis Borges (1899-1986), al igual que el italiano Umberto Eco (1932-2016), dijo que en un naufragio se salvó el capitán y cinco marineros. Festejaron con aguardiente su sobrevivencia en una isla. Salió el sol y fueron sorprendidos por negros guerreros. El capitán de gran estatura, atlético, blanco, barbado, rubio, de ojos azules, tomó su pistola y disparó a quien encabezaba la agresión, matándole de inmediato. Los isleños se arrodillaron sumisos ante el capitán, considerándole un dios, obsequiándole el collar y la lanza del jefe muerto. El capitán tomó los regalos. Se dio vuelta para alcanzar su ropa y vestirse, pues estaba desnudo. Al verlo de espaldas los guerreros se lanzaron en contra de él hasta matarlo, al darse cuenta de que tenía nalgas, ya que para esa tribu los dioses carecían de trasero.

        En este siglo XXI tenemos que aprender del sentido común de esos aborígenes.

        Urge saber si nuestros presidentes son dioses, o no; nos basta ver si tienen trasero, ya que hay quienes lo enseñan en cada uno de sus nocivos actos de autoridad.

 


lunes, 12 de abril de 2021

 LOGOS  

Manos de los políticos

SE LAVAN CON AGUA SUCIA

        La pandemia de covid sorprendió a México en el momento que el país padece un gobierno con política de salud muy cercana a la Edad Media: “detente maligno… un billete de dos dólares… invento de los conservadores… presidente vacunado con los baños de pueblo… anillo al dedo… toco madera”.

        Y como en la época feudal, las autoridades mexicanas no saben, a ciencia cierta, ni cuándo ni cómo ni por qué llegó, ni cuántos muertos produjo ese mal, agravado por el poder público.

        Tampoco comprenden ni vislumbran, con técnica exacta, por qué baja y sube la mortandad, la razón de sus oleadas, y la forma en que extremas temperaturas contrapuestas, o aguaceros torrenciales, llegarán a ser los liberadores naturales de ese contagio viral.

        Parte de nuestra edad media está, actualmente, en una fracción del cerebro del presidente Andrés Manuel López Obrador y, acaso, muchos mexicanos vivamos también con esa mezcla.

        Nuestra política electoral en este año 2021 también sufre, en su estructura, conductas de feudalismo salvaje, basta con ver el contubernio del presidente Amlo con Félix Salgado Macedonio.

        La forma en que opera el poder presidencial para que (con razón o sin ella) el Tribunal Federal Electoral del Poder Judicial de la Federación se lave las manos, y regrese la papa hirviendo al Instituto Nacional Electoral, es feudal.

        Jesús Reyes Heroles, ideólogo político mexicano, afirmó con denunciadora agudeza que: “en la política hay que aprender a lavarse las manos con agua sucia”.

        Y está tan hediondo ese líquido producido al lavarse las manos López Obrador, Salgado Macedonio y el Tribunal Federal Electoral que, para el caso, el propio Reyes Heroles le hubiese aplicado al candidato guerrerense otra de sus frases: “No se olvide, donde cabeza chica se calienta, cabeza grande no piensa”, y se cometen pendejadas, las que deben castigarse.

        Al presidente las instituciones y las leyes no le valen nada, salvo las que le sirven para sus intereses de tono medieval.

        Recordemos que las instituciones y leyes del país le permitieron a Andrés Manuel llegar a la Presidencia de México, como la legislación electoral y el INE.

        Pero, ahora, el ejecutivo federal está dispuesto a destruirlos.

        La veda electoral (que nuestro derecho establece para toda autoridad) para López Obrador no existe. Sus mañaneras siguen siendo su apoteosis propagandista.

        Y con toda su publicidad el presidente cubre su impericia, su pudrición y los fracasos de su obradorato.

        Con todo y los equívocos presidenciales, vivimos en un renacimiento avanzado, pero cargamos con un feudalismo autócrata enarbolado por Andrés Manuel López Obrador.

        Toda su fuerza dictatorial se ha descargado contra el INE, realizándose, como se esperaba, una elección de Estado. La edad media mexicana no se ha ido del todo.

        López Obrador prometió acabar con la pobreza, y ha generado 10 millones más de pobres.

        Ofreció Andrés Manuel subir en su primer año, de ejercicio presidencial, nuestro producto interno bruto a más un 8%; y a poco más de dos años de su gobierno lo derrumbó a cerca de menos 9%.

        Amlo dio su palabra de que en su primer año de gobierno iba a generar un millón de empleos; y en sus cerca de 28 meses de administración se han perdido 12 millones de plazas laborales.

        Observemos, ¿cuánto ha subido el litro de la gasolina?; y aseguró el presidente que no habría gasolinazos.

        ¿Cuánto te cuesta ahora, estimado lector, la tortilla, pan, leche, huevo, frijol, y todos los demás alimentos básicos? Y la carestía crece, y se nos viene encima.

        Mientras la población sufre, desde el palacio del presidente feudal se siguen manipulando sus promesas y, curiosamente, cada mañana con el mismo montaje; y con ese montaje repetido, el mismo discurso.

 


lunes, 5 de abril de 2021

 LOGOS

A todo autoritarismo

CORTARLE LAS ALAS

        Millones de mexicanos estamos en contra de Andrés Manuel López Obrador, al percatarnos que constantemente miente en su carácter de presidente de México.

        Muchas de sus falsedades son directas y precisas, y quienes

somos libres las hemos venido señalando.

        Pero otras de sus hipocresías son indirectas y distractoras; por ejemplo, al defender a su colaboradora Sanjuana Martínez Montemayor, directora de Notimex, de los señalamientos del Departamento de Estado de los Estados Unidos de América.

        Ese informe oficial, de uso interno para aquel país, suscrito por el secretario Anthony Blinken, indica al respecto que: “… los periodistas que asisten a la conferencia de prensa mañanera del presidente Andrés Manuel López Obrador y le hacen cuestionamientos difíciles son víctimas de ataques”.

        Esas acometidas, de diferentes graduaciones, han ubicado a México en 2019 y 2020 como “el país con el mayor número de periodistas asesinados en el mundo”, según datos del Comité para la Protección de Periodistas (CPJ por sus siglas en inglés).

        Así, Sanjuana Martínez resulta supuesta violadora de derechos humanos. Puntualmente le señalan sus actos de autoridad, vulneradores de garantías fundamentales, en registro estadunidense abierto a todo público.

        Andrés Manuel, sabedor de esos actos infringidores de su colaboradora, en lugar de investigar todas y cada una de esas supuestas o reales conductas ilícitas de Sanjuana, y poner remedio como lo ha pedido Artículo 19, en su caso, o hacer público la inexistencia de tales violaciones, se pone, nada más, a descalificar a esa organización y al gobierno de EU.

        López Obrador siempre sale por peteneras, como dicen en la fiesta brava. Le huye al problema. Si le están diciendo que Sanjuana es violadora de derechos humanos, y nada contesta sobre esto, está aceptando las inconstitucionalidades de su designada, independientemente de que el gobierno gringo esté descalificado o no, al igual que Artículo 19.

        Lo mismo cuando lanza ataques contra los periodistas Carlos Loret de Mola y Brozo, afirmando que Latinus tiene como dueños a Silvano y a Madrazo.

        Pero nada dice sobre el mensaje de fondo que llevan esos trabajos certeros y atractivos; reflexiones serias y graciosas que se convirtieron en una de las más eficaces oposiciones al autoritarismo de Amlo en México.

        También, López Obrador evadió el asunto principal denunciado por el presidente de El Salvador Nayib Bukele, quien formuló denuncia precisa sobre el asesinato de la salvadoreña Victoria Esperanza Salazar en manos de la policía de Tulum, Quintana Roo, en donde hay enredos de intereses encubiertos nada limpios.

        Pero el presidente Andrés Manuel, en lugar de seguir la pista del lamentable homicidio, arrojó a sus hordas cibernéticas, ciegas y majaderas, en contra del presidente centroamericano; sin necesidad alguna, ya que a la familia de la asesinada le dieron trato jurídico normal, y a Bukele nada le importa ese arrebatado dispositivo de Amlo.

        Total, muchos mexicanos estamos contra la ineptitud de López Obrador.

        Queremos acabar con la corrupción, y hasta con la corruptela promovida por Amlo.

        Deseamos terminar con la inseguridad pública y el crimen organizado, porque Amlo los ha acrecentado

        Exigimos una política de salud pública plena y eficaz, pues reprobamos las torpezas de Amlo, provocadoras de la muerte de cerca de medio millón de mexicanos y de la catástrofe que se nos viene por el desabasto de medicamentos.

        Necesitamos trabajar, producir más y mejor; distribuir lo producido con mayor justicia, porque con Amlo ni hay trabajo ni producción ni sana justicia distributiva.

        Urge buena educación para todos; y al autoritarismo del presidente Andrés Manuel López Obrador, y a todo autoritarismo, es urgente cortarles las alas, de una vez por todas, a golpe de votos.



domingo, 28 de marzo de 2021

 LOGOS

Un pícaro vacunador

AMLO EN CAMPAÑA ELECTORAL

        Todas las encuestas han caído en descrédito. Son tan falsas como los títulos emitidos en la Plaza de Santo Domingo en la Ciudad de México.

        Dichas encuestas se han comercializado de manera tan sucia que, como ilegales mercancías, se venden al mejor postor.

        Al gusto y a la medida de quien más paga, estos sondeos se emiten con todo descaro.

        “¿Sabe quién es el presidente Andrés Manuel López Obrador?”

        Esa es la primer pregunta boba de las encuestas oficiales; y, a ella, casi el 100% contesta que sí.

        Por ende, el puntaje de aceptación se eleva.

        Y los que quieren bajarle el puntaje de aceptación de inmediato preguntan: “¿cree usted, como lo afirman varios, que Amlo es mejor que Jesucristo?”

        Cuando la realidad es que una inmensa mayoría de mexicanos sabemos quién es López Obrador, y que sólo gente sin escrúpulos lo compara con Jesucristo.

        También se observa que Andrés Manuel acepta y promueve ese tipo de ridículas comparaciones, apostándole a la ignorancia y dogmatismos de ciertos sectores de nuestra sociedad.

        Pero en la lógica gramatical nos encontramos con que “encuesta”, no es lo mismo que “en cuesta”.

        Las encuestas como sondeos están descalificadas; empero, la realidad, vista por todos, es que la presidencia de Amlo ha colocado a México “en cuestas” respecto a todos los graves problemas que padecemos.

        Vivimos los mexicanos en pendientes accidentadas, bajadas y declives escabrosos, en salud, economía, seguridad pública y en otras materias, en franco peligro de desbarrancarnos.

        La pésima política de Andrés Manuel frente al covid parecería cómica, si no fuera tan dramática la muerte de 500 mil mexicanos, aproximadamente, según la contabilidad de organismos internacionales.

        Porque hasta en el número de fallecidos miente el presidente Amlo.

        En salud pública, López Obrador ha falseado todo, al “me canso ganso”; frase equivalente a la que usaba el cacique potosino Gonzalo N. Santos: “cartucheras al cañón, quepan o no quepan”.

        Aunque el Papa Francisco le captó otro sentido a eso de “me canso ganso”, al pedirle (con fina ironía) a la esposa de Amlo durante su improductiva visita al Vaticano: “Dígale a su esposo que no se canse”.

        Pero a estas alturas de abril del 2021, ante la matazón que ha provocado de medio millón de compatriotas el presidente Andrés Manuel López Obrador (con su política), ya no repite sus mentiras de que “el covid es invento de los conservadores, de mis enemigos”, ni refrenda su “apártate maligno” ni muestra sus “estampitas”, o “el billete de dos dólares”, y su “como anillo al dedo”.

        Ahora, sin remordimiento, renueva su política de salud pública con otro dicho: “Toco madera, para que no haya una tercera ola de covid en México”, cuando la primera oleada no ha terminado aún.

        Las vacunas (sea cual fuere) están elaboradas al vapor, y certificadas (no por tres o cinco años de experiencias) sino por la urgencia y, así, todos los vacunados son conejillos de indias, al no haber otra cosa que genere esperanza.

        A ello hay que agregar la ineptitud del obradorato, de muy poca calidad moral, al convertir la vacunación en actos de campaña electoral para ayudar a los candidatos de Amlo.

        Apenas firmaba el presidente (con la mayoría de los gobernadores) su compromiso de no entrometerse en la próxima campaña electoral, y ya estaba electoralmente peleando con el INE, con toda su tozuda torpeza.

        Amlo es un gesticulador. Afirma sin ninguna vergüenza: “Las elecciones próximas deben ser limpias y libres. Debe haber contrapesos para el poder. El poder no debe ser de uno solo hombre”.

        Cuando él ha manchado, ya, esas elecciones al sujetarlas a su exclusivo capricho. Ha acabado con sus contrapesos; y el poder es de su exclusiva propiedad.

        Amlo no ha dejado de hacer campaña electoral, y en esta sucia tarea es un pícaro eficaz.