lunes, 25 de febrero de 2019


LOGOS
Yalitza, Cuarón y Roma
UN ÉXITO DEL GENOMA  
       La ceremonia de los Oscar, de 1929 hasta al 2019, ha logrado un buen desarrollo, pero ha devenido como una intrigante mezcla de política, mercadotecnia y arte cinematográfico.
       Alfonso Cuarón, mexicano internacionalizado, es un profesional que, aparte de manejar técnica fílmica, opera con maestría el mercadeo publicitario y económico.
       La película Roma invoca con su título a la Santa Sede, a la capital de Italia, y al enclave urbano infantil de Cuarón en el DF: "viva México cuarones".
       A ello se suma una personalidad central del film, protagonizada no por una artista profesional, sino por Yalitza Aparicio Martínez, mujer dedicada a la docencia, de marcados rasgos zapotecos, sin antecedentes en la actuación.
       Y sin más, queda nominada para el Oscar 2019 a la mejor actuación, generando confusiones y envidias entre no pocos elementos de ese gremio.
       La publicitada mezquindad de los inconformes dio origen a que, nacional e internacionalmente, calificaran a México como país racista, sin serlo. Claro que existen mexicanos racistas, pero la mayoría de nuestros compatriotas no lo son.
       Nuestras discriminaciones no son étnicas ni de castas, son económico sociales y de conductas educativas y culturales.
       La belleza es un concepto refinado y estético, producto de la abstracción del sistema nervioso de los humanos. Supongo que nadie puede ver la belleza, en sí.
       Sólo vemos, en el mundo de lo concreto, paisajes bellos, mujeres bellas y cosas bellas. Toda mujer es bella, en cuanto que es, en sí misma, única e irrepetible. Esto en principio.
       Además, la belleza en el ser humano no sólo se obtiene por su cuerpo y su rostro, sino también por su conducta, inteligencia, trabajo, conversación, humanismo, ética, y otras virtudes del mismo jaez.
       Tengamos presente que los países hegemónicos lo son, en cuanto que nos dominan económica, política, educativa, religiosa, social y estéticamente. Con sus películas, sus canales de televisión, su internet y redes cibernéticas nos imponen su concepto de belleza humana.
       Nos adiestran desde pequeños para que pensemos que la belleza femenina es rubia, de ojos azules, tez blanca, espigada y con moldura de Hollywood, pero no nuestras mujeres redonditas, bajitas de estatura, color de piel de azteca, tipo Yalitza Aparicio Martínez.
       De esa forma nos dominan y nos explotan. Nos hacen creer que nuestro grupo étnico es feo, tonto, flojo y malo; mientras ellos son buenos, trabajadores, talentosos, y bellos.
       Y eso no es cierto. Rechacemos esa arma estética de dominio y explotación. Los mexicanos debemos elaborar nuestros propios valores estéticos, y estar orgullosos de todas las yalitzas, de hoy y de siempre, del arte y de la ciencia, del deporte y del hogar, del campo y de la ciudad.
       Cuarón, Yalitza, y todos los actores de la película Roma, merecen nuestro reconocimiento, y son nuestro orgullo.
       El mestizaje mexicano es nuestra patria y destino.

lunes, 18 de febrero de 2019


LOGOS
Ying y Yang
AMLO, Y LOS EXPRESIDENTES
       El presidente Andrés Manuel López Obrador trae cargados, y en la punta de su lengua, a los ex presidentes Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León, Vicente Fox Quesada, Felipe Calderón Hinojosa y a Enrique Peña Nieto.
       En su realidad, le pesan más esos referentes inmediatos que los símbolos históricos que el propio AMLO escogió como modelos, y personalizados en los ex presidentes Benito Juárez, Francisco I. Madero y Lázaro Cárdenas.
       El sistema nervioso de AMLO trabaja más con los elementos que él califica de negativos (que son los ex presidentes inmediatos anteriormente citados); y a los ex presidentes que él juzga positivos los usa menos.
       Si AMLO habla de que se bajó el monto de su salario, que no usa ni aviones ni helicópteros, que no vive en la residencia de Los Pinos, que todos los días habla frente a medios masivos de comunicación en vivo, que se publicita comiendo tacos en sitios populares, que publica su patrimonio y obliga a sus colaboradores a divulgar sus propios ahorros, de inmediato, después de afirmar lo anterior, presume con su decir trabado y lento el comparativo mezquino: Peña, Calderón, Fox, Zedillo, Salinas, se portaban mal, y como parte de una mafia cometieron ilícitos, inmoralidades. “En cambio yo”, razona públicamente AMLO, “soy diferente a ellos… y estoy haciendo la cuarta transformación”.
        Y machaconamente remata con esa idea central, dando ligeras variantes a sus palabras, pero queriendo mostrar que sus antecesores próximos fueron una mala tesis, y él es la buena antítesis; sin darse cuenta que todos, incluido él, son el todo de la política mexicana, como los dos conceptos de taoísmo: el ying y el yang.
       Dos fuerzas fundamentales de la existencia, opuestas y complementarias al mismo tiempo; en nuestro fenómeno político lo que fue, y ejecutó el poder a su estilo, y lo que es, ejerciendo el mismo poder, pero a su manera.
       Opuestas entre sí superficialmente estas dos formas de gobernar, pero en el fondo y al final complementarias, e indisolublemente unidas: el ying y el yang mexicano.
       El ying la oscuridad, la pasividad; el yang la luz, la actividad. Los que ya pasaron vivieron las vibraciones y las llamas propias de su ejercicio del poder, pero hoy, aun con ansias de defenderse, la oscuridad y la pasividad tiende a envolverlos. Quien ejerce la luz y la actividad del poder, actualmente, no sabe que como los ve se verá, en esa lucha de contrarios e, indiscreto, ignora que él es parte de ellos y los complementa, en la misma medida en que los ataca e intenta destruirlos.
       La inteligencia china de Lao-tse (siglo VI antes de nuestra era) nos legó el concepto del ying y yang;  ojalá AMLO, ante esas ideas, no diga: “zafo”, agregando que ese Lao es parte de la mafia, un charlatán de sueldo elevadísimo y no tan inteligente, ejecutor de una estafa maestra mayor que la de Sedesol, Pemex, y Conacyt.
       ¡Reflexionar no duele!, y sirve mucho, señor presidente.

lunes, 11 de febrero de 2019


LOGOS
Acabar la corrupción
SEDUCIENDO CON DÁDIVAS
       El presidente Andrés Manuel López Obrador asegura con alterada pasión (ante públicos afectos, y frente a medios masivos de comunicación) que ya distribuyó, o está derramando, o va a repartir, dinero a niños, jóvenes, campesinos, obreros, mujeres, o a adultos mayores.
       Enardecido y obsequioso, AMLO prorratea centenas de miles de millones de pesos del erario, no para la producción, sino para sostener simpatías a su persona.
       Dice AMLO que todo ese dineral, en derrama popular, lo obtiene de su lucha contra la corrupción, provocada por administraciones próximo anteriores a su mandato; y él garantiza la permanencia de esas dádivas en su ejercicio.
       A la intención presidencial contra la corrupción debemos apoyarla todos; para acabar, o al menos reducir drásticamente, ese grave mal de México.
       Cuando todos obtengamos significadas resultas en ese empeño a favor de la honestidad, le reconoceremos su esfuerzo al presidente; por mientras, en esas afirmaciones públicas de AMLO observo un error de fondo: los grandes pensadores que se han preguntado ¿de dónde brota la riqueza económica?, ninguno asegura que surja de la lucha contra la corrupción.
       Adam Smith, David Ricardo, Carlos Marx, George Stigler, Edmund Phelps, o Paul Romer, cada uno en su tiempo y estilo ideológico, reconoce que es el trabajo humano organizado socialmente el origen de la riqueza económica.  
       Es bueno el empeño para reducir al máximo los enormes márgenes de corrupción existentes, pero con ello no se resuelven los problemas económicos del país, pues es el trabajo sistematizado de los mexicanos el único que produce capital económico.
       Los que sólo reciben dádivas, los que únicamente consumen, las bocas devoradoras sin cerebros ni brazos productivos, presentes o futuros, no generan la riqueza económica requerida.
       Si forjáramos una gran productividad de bienes y servicios, de calidad competitiva internacional, después necesitaríamos distribuir justamente esa riqueza, estudiando responsablemente los mejores sistemas distributivos económicos de los países actuales (entre otros, Noruega, Suecia y Finlandia), no para copiarles, sino para considerar su experiencia, y no permitir en México pobreza, ni riquezas extremas sin responsabilidad social.
       La lucha contra la corrupción, siendo meritoria, no tiene los efectos que afirma el presidente AMLO, y los miembros de su gabinete que algo sepan de economía deben explicárselo, hasta que lo entienda.
       En ese gabinete debe haber democracia. El gran demócrata por su gabinete empieza. Ese equipo no debe ser integrado por un autócrata rodeado de tontos, agachones, timoratos, simples aplaudidores del limitado amo que aceptaron.
       Enséñenle al presidente que, desde Aristóteles, existe la economía política y la política económica; y que México requiere y exige tener una eficiente economía que privilegie el trabajo, y no las dádivas retorcidas del poderoso.

lunes, 4 de febrero de 2019


LOGOS
¡Despierte!, presidente
AL GANSO LO HACEN PATO
       El presidente AMLO está educando. Su conducta en el ejercicio del poder enseña a todos, para bien, o para mal.
       A sus palabras y a su imagen tenemos que gozarlas o padecerlas, desde muy temprano hasta muy noche; es decir, todo el día.
       No se sabe cuánto pagamos a todos los medios de comunicación que AMLO emplea. Porque, seguro, se paga con nuestros impuestos.
       Su retórica tarda, repetitiva y monótona, es abrumadora; llena de errores y contradicciones.
       Por otra parte, los maestros mexicanos son trabajadores capaces y honestos que sufren a dos fuerzas nocivas: a las autoridades educativas y a los líderes sindicales.
       Esa alimaña bicéfala explota al magisterio de nuestro país, y ha carcomido a la educación.
       Autoridades y líderes sindicales han acabado con aquellas magníficas escuelas públicas a las que asistimos muchas generaciones; hoy esos funcionarios y dirigentes obreros llevan a sus hijos y a sus nietos a escuelas privadas. Sus protervos actos los han enriquecido, y han empobrecido al pueblo al debilitar a la educación pública, generando una educación privada, por lo general, más mercantilista que académica.
       Esa maldad está a la vista. Los funcionarios no pagan a los maestros, y la CNTE empieza su arguende: abandona a los educandos, toma oficinas, calles, comercios, bancos, vías de tren, aeropuertos. Algunos buenos maestros son obligados a prestarse a ese engranaje delictivo.
       Esas tácticas siniestras se llevan a extremo, hasta que los dirigentes obtienen, como en este reciente caso en Michoacán, más de mil millones de pesos del erario, autorizados unipersonalmente por el presidente López Obrador.
       ¿Por qué este pago no lo puso a consulta popular?, a efecto de que la ciudadanía decida si se entregan o no esas multimillonarias cantidades, y a quiénes se otorgan.
       Pero no lo hizo AMLO, porque la CNTE es parte de sus adeptos. Y mucho de ese dinero no llega a los hogares de los maestros, sino a los bolsillos de los líderes chantajistas.
       Esas conductas ilícitas, del que da y del que recibe, actualizan hipótesis jurídicas penales. Pero no habrá sanciones, pues al ganso lo hacen pato, o él mismo gusta hacerse soso.
       AMLO resolvió con mucho dinero la toma de las vías del tren. Pagó el soborno, y dejaron libre partes de la vía. A las 48 horas las volvieron a obstruir.
       Ya le tomaron la medida a AMLO; él así enseña y educa a todos.
       Quienes deseen algo, ya saben cómo obtenerlo: tomando las vías del tren; acto que no es delito, según AMLO, y quien por esa “travesura” pagar con dinero de los mexicanos.
       El desubicado presidente Felipe declaró la guerra a organizaciones criminales; el confundido presidente AMLO da por terminada la guerra. Dos maneras de hacerse patos ante la inseguridad de un México peor que Afganistán, según Trump.
       Al triunfo de su elección, AMLO se sintió en un sueño; acaso siga en él. Por eso, ¡ya despierte!, presidente. Y no mal eduque.

martes, 29 de enero de 2019


LOGOS
Trump y Maduro
DOS PERVERSOS NOTORIOS
       Donald Trump y Nicolás Maduro, por sus conductas perversas, se han vuelto odiosos para millones de seres humanos.
       Obvio que el actual y terrible problema que vive la hermana República de Venezuela no es personal entre esos dos personajes; pero ambos han agudizado el conflicto.
       Recordemos que las mayores reservas de hidrocarburos, en el planeta, se encuentran en Venezuela; éste es un apetitoso platillo para las empresas transnacionales que giran en torno a EU, las que han perdido toda su confianza en Nicolás Maduro, quien "aiga sido como aiga sido" volvió a ganar unas elecciones presidenciales, tan amañadas, que la dictadura se transluce en el disfraz democrático.
       Pero, eso, para nada actualiza las hipótesis jurídicas de los artículos 233, 333 y 350 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; y en todo caso en última instancia, le corresponde al Tribunal Supremo de Justicia aplicar esos preceptos constitucionales al caso concreto, y no a la Asamblea Nacional, la que exclusivamente tiene facultad declarativa para caso de muerte, renuncia, destitución, incapacidad, revocación del presidente.
       Ese azaroso enredo no es jurídico. Es político, y de tipo internacional, al haber dividido a los países de la Tierra, entre los que reconocen al presidente Maduro, y quienes no sólo lo desconocen, sino que reconocen como presidente, por órdenes del Trump, a Juan Guaidó, quien en prematura violación constitucional ejerce como presidente de la Asamblea y presidente de la República.
       Dos presidentes para una sola Venezuela, (la pequeña Venecia) Maduro con el ejercicio de tirano que platica con pajaritos, y Guaidó como ambicioso inexperto, creado para ser títere de EU y de Trump.
       Maduro ha devastado a la clase rica venezolana, a la fifi, como la llama el presidente de México Andrés Manuel López Obrador. Maduro ha arruinado a la clase media de su país, con el esperanzador ánimo de construir una nueva estructura en base a los pobres, y con mal interpretadas ideas bolivarianas.
       Simón Bolívar, como su maestro Simón Rodríguez, promovió la educación y la virtud moral para todos, como dos herramientas para resolver problemas de aquellos tiempos, de esos lares.
       Ahora, lamentablemente, al pueblo de Venezuela lo han convertido en artículo de cambio para negociaciones internacionales entre EU, Rusia, China, y Europa; y esto puede convertir a ese hermano país en territorio de guerra para que prueben sus armas los poderosos, por primera vez en América, en una Tercera Guerra Mundial.
       México no desea que lleguen los rebullones (pájaros negros que anuncian la muerte, según Juan Primito y Doña Bárbara) al pueblo del gran escritor y presidente venezolano Mónico Gallegos. (1884-1969)
       No a la guerra. Sí a la paz. No a un gobierno entreguista a Trump. No a un deschavetado. Sí a un presidente patriota y bueno que respete y auxilie al desarrollo de todos y cada uno de los venezolanos.


lunes, 21 de enero de 2019


LOGOS
AMLO provoca turbas
ESTÁ JUGANDO CON FUEGO
       Desde hace tiempo, Andrés Manuel López Obrador tiene una percepción fija de los problemas de México, y de sus soluciones; tan inquebrantable y precisa, como veraz en parte, y errónea al aplicar soluciones.
       En la porción equívoca, no ha podido comprender, para el complicado fenómeno político que vivimos, la movilidad contradictoria expuesta por Heráclito, ni los principios de Marx y Engels que, a su decir, pusieron de pié a la dialéctica de Hegel, ni los comportamientos de la realidad cuántica observados por Born, Schrödinger y Haroche, menos los ha aplicado a hechos políticos recientes y concretos, dolorosos, impredecibles y aleatorios.
       El concepto utópico de “pueblo sabio y bueno” es genérico y abstracto, y no corresponde a la realidad humana que ha tenido de todo, y de todo seguirá teniendo, según su espacio, tiempo y circunstancias.
       Claro que duele ver el comportamiento de parte del pueblo de Tlahuelilpan, Estado de Hidalgo, el que, en número de 800, según palabras de los informantes oficiales encabezados por López Obrador en sus tempraneras manipulaciones informativas, duró más de 2 horas acarreando gasolina del ducto saboteado, ante las impasibles fuerzas armadas, debido a políticas presidenciales de no tocar, ni con el pétalo de una rosa, a ese pueblo "honesto y sabio", pero también necesitado. Política presidencial dogmáticamente inquebrantable.
       Porque en el ascesis de AMLO, las necesidades del "pueblo" son excluyentes de responsabilidad penal; visión cartuja que va en contra de nuestro sistema jurídico vigente, el que sólo en ciertos casos extremísimos toma a cierta necesidad como atenuante, o  como exculpante.       
       Si las fuerzas armadas en esas más dos horas hubieran sabido intervenir (no para ejercer represión, sino para aplicar eficientes medidas preventivas y, en su caso, la coercitividad del derecho) se hubieran salvado cerca de 100 vidas, como una de las posibles opciones cuánticas, en la especie.
       Y de ese resultado real y lamentable de Tlahuelilpan, tiene más culpa por omisión y negligencia el Presidente López Obrador que sus tres inmediatos antecesores, los malvados de moda (Fox, Calderón y Peña) en la lenta y repetitiva retórica de este sexenio.
       La actual acción gubernativa produce turbas, de diversas tipos, pero turbas al fin. Aglomeraciones que, en busca del combustible desabastecido, terminan calcinadas por ese fenómeno complejo de la masa con radicales activos.
       O las muchedumbres organizadas política y económicamente desde el actual poder gubernativo federal, a efecto de humillar a los gobernadores frente al presidente, y darle oportunidad, a éste, para que, bondadoso, salga en defensa de los maltratados por la masa, luciéndose como eficaz conciliador que perdona, pero no olvida.
       Y así va AMLO generando turbas, consciente o inconscientemente, construyendo el umbral de lo que nos espera, si sigue sobredimensionándose como el único.

lunes, 14 de enero de 2019


LOGOS
Dios metió la lengua
EN LA PRISIÓN DE LOS DIENTES                                                "No hay desabasto de gasolina", fue la primera frase del presidente López Obrador ante los nacientes indicios de falta de ese combustible.
       AMLO pidió ayuda a la población, llamó a la prudencia, a la serenidad. Ni alarmismo ni pánico. "No usen la palabra desabasto", exigió, por no ser correcta al caso. "Hay gasolina… sólo cerramos los ductos".
       Así, Andrés Manuel no entiende el significado de la palabra "desabasto", que es el efecto de dejar de abastecer algo, por la razón que sea: ya por no haber gasolina, o por táctica, al tapar los tubos distribuidores.
       Pero el resultado es el mismo: varias entidades federativas y millones de mexicanos no han tenido gasolina normalmente, desde el 3 de enero próximo anterior.
       La expresa razón de esas medidas es acabar con el robo de gasolina. El propósito es correcto, y la mayoría de la población está  totalmente de acuerdo con ese fin que persigue el presidente.
       Con prudencia se ha padecido molestia personal y familiar, más trastornos severos al fenómeno económico y social de nuestro entorno; observando deficiencias en los medios usados por el presidente AMLO, lo que nos hace desconfiar de los buenos resultados en anhelo.
       Molestia temporal, para beneficio permanente; ¡no es el caso! Padecer para merecer, tampoco; ya que los que deben sufrir son los criminales, no la sociedad.
       El mismísimo presidente AMLO sigue informando de los constantes sabotajes criminales a los ductos, y cerca de 5 mil soldados están alertas en las instalaciones de PEMEX, y hasta el momento de escribir estas líneas no hay ningún detenido.
       El me canso ganso se ve cansado al expresar intranquilo: "a ver quién se cansa primero", convirtiendo en vulgar torneo de vencidas, lo que es un delito grave; como si la coercitividad del derecho mexicano se ablandara en predica moral, en voz de quien desprecia a las instituciones jurídicas.
       No hay duda, al presidente le gusta ser orador rutinario. Le encanta oírse, y goza sintiéndose oído, más frente a una multitud de adeptos.
         Adolfo Hitler afirmó: "Bien sé que la viva voz gana más fácilmente las voluntades que la palabra escrita y que asimismo el progreso de todo movimiento trascendental debióse generalmente en el mundo más a grandes oradores que a grandes escritores."
       Pero los grandes oradores tienen bagaje amplio y calificado, no se repiten mecánicamente, se alejan del yoísmo: "yo no miento, yo no robo, yo no traiciono, yo me bajé el sueldo, yo camino a ras de tierra para ver a mi pueblo"; actualizando el refrán, alabanza en boca propia es vituperio.
       Si no se sabe acabar con un mal, como la corrupción llamada huachicoleo, sólo se logra desparramar a los rateros por doquier, reconvirtiéndolos para otros actos delictivos. A éstos, AMLO les nombra "traviesos".
       Recuerde, presidente, la fábula rabínica, "dios metió a la lengua en la prisión de los dientes, pero no por ello deja de hacer daño".

martes, 8 de enero de 2019


LOGOS
Hitler: Mi lucha
CATECISMO DE LÍDERES PROVIDENCIALES
       Prohibido por mucho tiempo en varios países europeos, el libro de Adolfo Hitler, Mi Lucha, está de vuelta, y las ideas ahí externadas están en las palabras y los actos de no pocos políticos, coetáneos, de varios países.
       Transcribiré, para ejemplificar, sólo algunas expresiones de esa obra.
       Escribió Hitler: "… creció en mí la convicción de que precisamente de un pequeño movimiento… de regeneración nacional, que fuese algo más que un partido, llegaríamos al gobierno, así debía proclamarse una nueva ideología y no un nuevo lema electoral".
       Esa táctica nacionalsocialista fue utilizada con éxito recientemente.
       "El camino del poder nos lo señala la Ley… ya en el poder, el éxito definitivo radica, y radicará, en la acción ofensiva".
       Ese concepto nazi lo usan quienes programan destruir los sistemas socioeconómicos, pero no con una lucha armada, sino primero llegando al poder por voto ciudadano y, desde ahí, devastar a la organización que les permitió ser gobierno.
       "Los partidos políticos se prestan a compromisos; las concepciones ideológicas jamás. Los partidos políticos cuentan con competidores; las concepciones ideológicas suponen y proclaman su infalibilidad. Una concepción ideológica llevará sus principios al triunfo, sólo cuando en las filas de sus adeptos reúna a los elementos de más entereza y con mayor fuerza de acción de su época y de su pueblo, haciendo de ellos la falange de una organización apta para la lucha".
       Esa idea nacionalsocialista está en marcha como receta para ganar próximas elecciones, declarándole la guerra a un estado de cosas existentes: malas algunas, y buenas otras.
       "… el nuevo movimiento debe lograr como objetivo capital, la nacionalización de la masa… Ningún sacrificio resultará demasiado grande cuando se trate de ganar a las masas para la obra de regeneración nacional… Quien se proponga ganar a las masas debe conocer la llave que abra la puerta de su corazón. Esa llave no se llama objetividad, esto es debilidad, sino voluntad y fuerza".
       Hoy, la fuerza y la voluntad del nacionalsocialismo está asomando las orejas.
       "El primer fundamento inherente a la noción de autoridad es siempre la popularidad; en la fuerza está el segundo, y el tercero es el buen manejo de la tradición. Unidos los tres dan una autoridad inconmovible".
       Ese coctel nacionalsocialista está de regreso: popularidad, fuerza, y eficaz manipuleo de la tradición histórica.
       "Personificar al pueblo con jóvenes soldados… hacer de ellos una guardia de cien mil hombres con un sentido nacionalsocialista".
       Ese sistema nazi se aplicó para hacer grupos selectos de fuerzas políticas armadas, se auxilió de la educación, tomando la dirección de todas las universidades germanas.
       Predijo Hitler: "Los jueces… pueden condenarnos… mas la Historia… romperá, en un día sonriente, esta sentencia, para absolvernos… de culpa y de pecado."
       Digamos no al nazismo. ¡No, al paso de ganso!

lunes, 31 de diciembre de 2018


LOGOS
Apariencia y estulticia
SUBEN SALARIOS; BAJA HUACHICOLEO
       El huachicoleo afecta a México desde hace sexenios, y fue prohijado por funcionarios públicos de alto nivel. Era secreto a voces, y muchos (sin pruebas fehacientes y sólo por intuición) lo denunciamos en labor periodística.
       Reconozco la decisión del presidente Andrés Manuel López Obrador al confirmar públicamente que “desde el gobierno y  PEMEX se organizaba el robo de combustible”, tomando medidas de inmediatez que pueden ser insensatas; pero, sólo los resultados y el tiempo le darán o no la razón.
       Ojalá ese tipo de robo al patrimonio nacional no se repita; no vaya a ser que los huachicoleros de antes sean suplidos por los morenos huachicoleros de esta cuarta transformación.
       La inicial duda nace porque el mensaje del presidente de México, al caso, genera más suspicacias que aclaraciones.
       Dijo AMLO que “dentro del gobierno y PEMEX se encontró una red  dedicada a robar y distribuir hidrocarburos… extraía diariamente 600 carros cisterna con capacidad de 15 mil  litros cada una… tres funcionarios están detenidos, y la PGR investiga a otros integrantes de la red… que desde PEMEX se les ayudaba a los delincuentes perforadores de ductos… y que ese robo representa más de 66 mil millones de pesos al año”. Y aritméticamente estas cuentas parecen ser erróneas en exceso, si cada litro se multiplica por 20 pesos, valor que pagamos por los consumidores.
       Insinuó que no se revelará la identidad de los integrantes de esa red, cuando se trata de delitos de oficio; y la legislación penal jamás puede ser instrumento presidencial, menos juguete caprichoso del presidente.
       El País dio a conocer que PEMEX está intervenido por 4 mil militares; medida quizá necesaria, pero que debe sujetarse a los procedimientos constitucionales de nuestra carta magna.
       Según el presidente, "el 80% del robo se cometía por la red interna en PEMEX… y el 20% restante (en los ductos) únicamente como pantalla". Ese 100% da un valor por día, y por año, que no se aproxima a los 66 mil millones de pesos anuales.
       No expongan al presidente a cometer errores numéricos.
       Pero el monto real que tenga ese logro debe fortalecer a PEMEX!, buscando nuevas fuentes energéticas limpias, y el petróleo no quemarlo, sino transformarlo en cientos de derivados, de haber inteligencia, además de honradez.
       Si no fuese así, seguiremos padeciendo la estulticia oficial.
       Por otra parte, con los nuevos salarios de 2019 (en nuestra frontera norte de $176.72 diarios; y, en el resto del país $102.68) se sigue engañando a los mexicanos.
       Los trabajadores merecen y exigen un salario que alcance para pagar alimentos, vestido, educación, salud, vivienda, y sano esparcimiento para toda familia.
       Subir el salario como medida aislada es demagogia. Podían subirlo a 20 millones de pesos diarios, hoy mismo, y el kilo de tortillas subiría a un millón de pesos. Los precios son más veloces que los salarios.
       ¡Basta ya de apariencias!

LOGOS
Yo, el Eclesiastés
TORO VIEJO Y REUMÁTICO
       Martí Batres Guadarrama, presidente del senado mexicano, cargó en una reciente pastorela a un niño dios y, al parecer, entre bromas y veras hizo el señalamiento, o al menos aceptó, que ese crío divino tenía toda la carita de Andrés Manuel López Obrador.
       Con esa grotesca puntada Batres se forma en la fila de Solalinde (quien mira a AMLO como a dios) y de Porfirio Muñoz Ledo, quien asegura que "Andrés Manuel ha tenido una transfiguración: se reveló como un… iluminado."
       Esos tres burdos zalameros pueden llegar a ser sus apóstoles, para después traicionarlo por unas cuantas monedas, negarlo cuando cante el gallo tres veces, o desaparecer del rebaño, a la chita callando, como viles desertores.
       Supongo que ese trío sólo cultiva las vanidades a AMLO, para ganar como aduladores; sin embargo, pueden con sus visiones dioseras mezclar religión y política, dos elementos explosivos que colocarían en ascuas a todo México.
       La palabra "Eclesiastés" es griega; significa "el predicador", y a ninguno de los tres (simples barberos) les acomoda.
       La Biblia contiene el libro del Eclesiastés, y en su introducción comienza, "Vanidad de vanidades, y todo vanidad… Pasa una generación, y le sucede otra; mas la tierra queda siempre estable… Todos los ríos entran en el mar, y el mar no rebosa: van los ríos a desaguar en el lugar de donde salieron…"
       Y sigue: "No queda memoria de las cosas pasadas; mas tampoco de las que están por venir… todas las cosas tienen su tiempo… tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo que se plantó… tiempo de derribar y tiempo de edificar… tiempo de ganar y tiempo de perder… lo mejor de todo es estar alegre, y hacer buenas obras mientras vivamos… más vale ser reprendido del sabio que seducido por las lisonjas de los necios".
       El tiempo, al hacerlo nuestro los humanos, lo hemos parcelado en milenios, siglos, años, meses, semanas, días, horas, minutos y segundos; y a todos estos fragmentos los nominamos o numeramos.
       La vanidad loca de algunos los ha conducido a pensar que el tiempo se cuenta a partir de ellos: "antes que yo, y después de mí", ¡tal es su rústica y grosera percepción!
       El llamado año 2018 tuvo de todo, para unos mal, para otros bien; el destino imperó, mezclado con la inconsciente, o libre, voluntad individual de todo ser humano, causando sus propias tristezas o sus personales alegrías.
       Este 2018 está en los estertores de su ansia agónica; trajo sorpresas que aún no estallan, o aún no germinan. Y así las hereda al año venidero.
       2019 está por llegar, y algunos aseguran que los años nones son de cabezones, pero otros apuestan a que son de dones. Mi incurable optimismo me conduce a estar con éstos.
       Quiera el destino (y nuestro esfuerzo) que así sea, en bien de todos los mexicanos, a pesar "del gobierno que parece toro viejo y reumático" visto por AMLO frente al espejo de la política, pues él y los suyos ya son gobierno, sin darse cuenta.

lunes, 17 de diciembre de 2018


LOGOS
Desató a la esperanza
UN PÍCARO CON COLMILLOS
       Sobre Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña, en su oportunidad sexenal respectiva, hice análisis de sus actos picarescos. Pero a moros muertos suelo no tirar lanzadas.
       La atmósfera política, económica y social, generada por los presidentes citados, durante sus respectivos sexenios (sumadas las raíces anteriores) empollaron la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de la república.
       Su triunfo electoral fue una sacudida, y entre otros de sus cambios (supuestamente trascendentes) rectificó los colores de la banda presidencial.
       Todos los presidentes han sido “los jefes de la banda”, según la ironía popular que trasuda como título el libro de José Elías Romero Apis; y AMLO, con ese carácter, es ahora el jefe de la banda, en el mejor sentido.
       Y así lució el presidente López Obrador durante el informe rendido por Luis María Aguilar Morales como presidente de la Honorable Suprema Corte de Justicia de la Nación, en la sede de ese Poder. He escrito “Poder”, porque nuestra federación se integra de tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial; y ninguno de ellos es “autónomo” ni puede serlo, pues ese calificativo no les va jurídicamente a ninguno de los tres.
       Esos poderes son los que ejercen directamente la soberanía nacional, respecto a las atribuciones que la Carta Magna les impone a cada uno. Del judicial, del legislativo y del ejecutivo, pueden salir organismos autónomos, por desconcentración, descentralización o participación, pero ellos no son autónomos, son "poderes".
       Pero regresando al presidente AMLO, en razón de su visita al Poder Judicial, ahí mostró sus colmillos a través de sus huestes furiosas por fuera de ese edificio, con gritos y pancartas fulleras asistieron (de encargo) para agredir a los ministros, magistrados y jueces federales; y con eso dar lugar a que el presidente pueda decir amorosamente que reprueba esas conductas violentas, y que respeta al poder judicial.
       Ofreciendo pícaramente, así, las dos caras contradictorias del presidente concentrador: la malandrina y la mesurada, en busca de hacerse también dueño del poder judicial, so pretexto de los sueldos de los ministros, magistrados y jueces federales; ingresos sobre los cuales AMLO ya se ha equivocado dos veces en sus montos, mostrando ligereza y equívoca improvisación, defecto azaroso en un presidente, quien debe ser el mejor informado.
       "Error de dedos", así lo aseguró, cuando en su iniciativa sobre la educación suprimía toda la fracción VII del artículo 3o Constitucional, o sea, la autonomía universitaria.
       AMLO desató la esperanza popular; pero, ahora, en su propuesta de Presupuesto de Egresos de la Federación 2019 redirecciona el gasto público al desarrollo social, pero con claros efectos electorales. Regala dinero público y obtén votos.
       Pero además, el simple dar desarrolla pordioseros, pero no expande la producción ni hace justa la distribución de la riqueza.

lunes, 10 de diciembre de 2018


LOGOS
AMLO, Maduro, Bolsonaro, Trump…
LA COLERA DE LA MASA
       Andrés Manuel López Obrador, Nicolás Maduro Moros, Jair Messias Bolsonaro y Donald John Trump son presidentes y líderes, cada uno de su propio país: México, Venezuela, Brasil y Estados Unidos de América, respectivamente.
       Los cuatro, independientemente de su propia ideología, (de supuesta izquierda los dos primeros, y de derecha los últimos) tienen rasgos comunes en sus expresiones y en sus conductas.
       Nacionalistas todos ellos, en época que parecía de esencias globalizadoras. De palabras bruscas y agresivas que dejan de lado la mesura tradicional de quien ejerce el poder. Su constante actitud de quiebre. Su advenimiento al poder con base en la cólera de la masa.
       A lo anterior hay que agregar su narcisismo exacerbado, encubierto de sugestiva modestia. Su sobrado gusto por el poder, y entre otras cosas más, su inquietud solapada para agudizar contradicciones.
       Las frases del presidente Trump, y sus erráticos actos, llenarían el espacio al que tengo que sujetar este artículo. Los mexicanos hemos recibido su ataque verbal maledicente. A sus críticos estadunidenses los ha llenado de fango. A sus iniciales colaboradores los ha corrido con duros adjetivos. De Rex Tillerson (al primero que encargó la Secretaría de Estado) dice que "es más tonto que una piedra, es un vago del demonio".
       Y para dragonear de que el pueblo lo quiere, asevera que "podría dispararle a la gente en la Quinta Avenida, y no perdería ni un solo voto. Mi pueblo me es leal".
       Trump, sobre las mujeres, ha dicho leperadas grotescas, similares a las que el presidente Bolsonaro ha pronunciado. Ante la acusación de violador, este brasileño argumentó públicamente: "No merecen que las viole, porque están muy feas".
       Afirma que "los mejores gobiernos de Brasil son las dictaduras militares", "las torturas y las ejecuciones deben autorizarse por la constitución", "privaticemos todo lo que se pueda"; así triunfó, y ejercerá como presidente el próximo primero de enero.
       Maduro ha polarizado a los venezolanos, y ha puesto en choque a los gobiernos y a los pueblos del planeta. Nadie olvida que hablaba con "un pajarito", y que suele hacer referencias retóricas chuscas, como la de la "Chimoltrufia", personaje cómica mexicana que "como dice una cosa dice otra".
       Observo que el gobierno de EU promueve un golpe de estado en su contra (conducta indebida) pero no dejo de percibir las puntadas y errores de Maduro: "Ante mi comandante Chávez no dudé ni un milímetro de segundo"; "Les prometo trabajar las 35 horas del día"; "Los capitalistas especulan y roban como nosotros… los acabaremos, pues no hacerlo significa un autosucidio colectivo para la economía".
       Y en nuestro territorio patrio, AMLO nos asegura que le hacen "lo que el aire a Juárez", "la Suprema Corte se equivoca", "el triunfo del PAN en Puebla es antidemocrático", y así, como presidente, agudiza las contradicciones, sin encontrar, aún, su propio equilibrio.