lunes, 5 de julio de 2021

 LOGOS

Quién es quién en mentiras

AMLO, EL CAMPEÓN

        Expresó el presidente Andrés Manuel López Obrador que “los medios de comunicación quieren tener el monopolio de la verdad”.

        Se equivoca al generalizar; pero es posible que algunos medios de comunicación aspiren a tener esa exclusiva.

        Empero, lo que molesta a Andrés Manuel son dos cosas: primera, que esos medios de comunicación lo critiquen; y, segunda, que esa prensa le quite el monopolio de la verdad a él.

        Resulta, entonces, encarnizada lucha por el monopolio.

        Cuando los comunicadores alaban a López Obrador, él los califica de veraces, y les paga con dinero que proviene de nuestros impuestos.

        Si los informadores lo reprueban, Amlo los tilda de “falsos, enemigos del pueblo, chayoteros, conservadores, mentirosos, vendidos, traidores, apátridas, calumniadores, corruptos y neoliberales”.

        Al margen de la ley (pues no hay precepto legal que le permita juzgar, menos aún sin dar derecho de audiencia a quienes juzga) montó en su mañanera una sección de “quién es quién en las mentiras de la semana”.

        Su táctica ventajosa, da cuenta de su autocracia.

        El presidente maneja billones de pesos; y frente a ese potencial económico los comunicadores son pobretones.

        Para la manipulación de “tan importante tarea” creó un equipo burocrático, el que desde su ilegalidad es una especie de secretaría de la verdad, o una secretaría de la mentira, pagada, también, con dinero del erario.

        Mi generación, cuando éramos niños, jugamos (entre otros divertimientos) al balero, al trompo, a las canicas, al burro fletado, a las adivinanzas, y a ver quién decía la más grande mentira.

        En uno de esos torneos infantiles de las falsas creaciones aconteció lo siguiente: José Luis aseveró que piloteó un avión, y llegó a la luna; Primitivo afirmó que lo atacó un león, el que abrió terroríficas mandíbulas, pero él metió su mano dentro de aquel hocico y, llegando hasta la cola, lo jaló de tal manera que lo volvió al revés; Salvador dijo encontrar una cueva llena de todos los tesoro del mundo; y, Andrés Manuel declaró que él nunca había dicho ni diría jamás una mentira.

        Los niños que integramos el jurado decidimos que el ganador, el campeón de campeones en mentir, era Andrés Manuel, quien expuso que nunca mintió ni jamás mentiría.

        Dejando atrás esos tiempos de niñez, puestos en este 2021, tan lleno de asesinatos, inseguridad, feminicidios, secuestros, violaciones, crucificados, destazados, muertos por covid en cantidad similar a la mortandad que provocó la Revolución de 1910, saqueados por los poderosos de antes y por los de ahora, empobrecidos y afectados en la educación, escuchamos a un cínico presidente decir: yo no miento, ni he mentido ni mentiré; añadiendo que los que mienten son los que lo critican desde los medios de comunicación.

        Vividas las anteriores circunstancias, decido, para mí, que los periodistas mentirosos y vendidos dañan a sus lectores o a sus escuchas o a sus espectadores; pero un presidente mentiroso perjudica a todos y a cada uno de los mexicanos.

        Además, conozco a muchos periodistas, comunicadores de revistas, periódicos, radio, televisión, que son honestos y de excelente nivel profesional; lo que no puedo afirmar, lamentablemente, de Andrés Manuel López Obrador, a quien el meticuloso y sorprendido director general de SPIN, Luis Estrada, le lleva contabilizadas más 56,181 mentiras en lo que va de su administración desastrosa.

        Hace años leí el documentado libro de Sara Sefchovich, País de mentiras. El epílogo de la obra es tentador y lapidario: “La única verdad es la mentira”.

        En mi caso, creo en la existencia de la verdad, contrapuesta a la mentira, pues veo los extraordinarios resultados de la ciencia y del humanismo; sin embargo, sé que hay muchas mentiras, de múltiples gamas.

        Concluyo obsequiando al presidente Amlo, campeón de campeones en el mentir, una sentencia: en boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso.

 


lunes, 28 de junio de 2021

 LOGOS

Gobierno sin corruptos

CUANDO NO HAYA GOBIERNO

        Era un buen hombre, se llamaba Enrique Sánchez, alto, robusto, de amplio rostro, con pelo, cejas y bigote hirsutos, semi emblanquecidos por las canas; de vivir, tendría hoy 110 años, y por la década de los sesenta del siglo pasado fue síndico del Honorable Ayuntamiento de Morelia.

        Por razones profesionales lo acompañé a la tenencia de Teremendo, y antes de que llegáramos a las encargaturas del orden de Coro Chico y Coro Grande nos aseguró: “En esas dos poblaciones no hay corruptos…”

        A sus acompañantes nos dio gusto tamaño avance, y preguntamos qué se había hecho para obtener ese logro.

        “Ya lo verán”, nos dijo.

        Y cuando pasamos por esos pueblos observamos su destrucción, su abandono, en total soledad; y sentimos el peso del silencio y de la muerte, más cuando nos explicó que se habían asesinado entre ellos, y los pocos sobrevivientes habían huido, aterrados, fuera de Michoacán o del país.

        No había corruptos porque no había humanos. ¡Qué verdad tan dolorosa!

        El viaje de Morelia a Teremendo que ahora en helicóptero se puede hacer en cinco minutos, en aquel entonces por veredas lodosas y accidentadas se hacía en tres horas, cuando bien nos iba.

        Así que la convivencia en ese vehículo de doble tracción nos permitió, a todos los pasajeros, cambiar impresiones sobre la corrupción, en vínculo con las mortandades provocadas por la ignorancia y la belicosidad de familias enteras contaminadas por los odios.

        Yo leía por entonces la vida y obra del abogado y filósofo inglés Francis Bacon (1561-1626), quien llegó a ser canciller de Inglaterra, y tan dado a catequizar sobre la moral a todos los que le escucharan.

        Una de sus obras sobresalientes, que a él le gustó ponderar, es su Ensayo sobre la moral y la política.

        Sin embargo, su lengua y su pluma fueron más largas que su minúscula honradez, pues fue sometido a juicio por corrupto, probándole 28 cuantiosos sobornos.

        Y Bacon alegó, a su favor, que su conducta no era corrupta, ya que en esos juicios se dejaba sobornar por todas las partes contendientes, y este equilibrio lo colocaba al margen de la inmoralidad.

        Curiosamente (indultado) murió de neumonía, al estar llenando el interior de un ganso con nieve, para bien refrigerarlo.

        He querido recordar este pasaje de mi vida: uno de los tantos viajes que hice de Morelia a sus tenencias, en aquellos ayeres; y advierto que siguen existiendo, al máximo nivel, políticos corruptos, pero muy defensores de la moral.

        Presento un botón de muestra. El gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador ha reservado por cinco años los contratos de compraventa que ha hecho al adquirir diversas vacunas contra el covid-19.

        Esas decenas de miles de millones dólares erogadas por México no tienen ninguna claridad ni transparencia.

        Algún día se sabrá a ciencia cierta por qué se compra a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores, y no por la Secretaría de Salud; por qué se triangulan tanto las adquisiciones, se compra en Suiza lo que se produce en China; por qué se compra a empresas fantasmas, inexistentes legalmente; por qué se sujetan esas compras a leyes y tribunales de Singapur, si ahí no hemos comprado nada; por qué le cuestan más esas vacunas a México que a los demás países.

        Y el presidente afirma: “En mi gobierno ya no hay corrupción”, será porque ya no hay gobierno, como en esos pueblitos de Coro Chico y Coro Grande, en donde ya no había corruptos, porque ya no había población.

 


lunes, 21 de junio de 2021

 LOGOS

Amlo, torpe tipo

AVASALLADO POR SUS PUNTADAS

        La pandemia covid-19, en quince meses, ha transformado más la vida de México que la 4T del presidente Andrés Manuel López Obrador en treinta y cinco meses de ejercicio gubernativo desangelado.

        Ese virus (que parece retornar con mayor fuerza) nos ha cambiado hasta los hábitos y costumbres ancestrales.

        Mientras que la eufemística 4T sigue llena de corruptos, ineptos, divisionistas, mentirosos y traidores; sin poder transformar ni siquiera a los supuestos transformadores.

        Andrés Manuel, quien es habilidoso para achacar (en segundos) a los “conservadores” delitos o pecados ciertos o inventados, no encuentra a los culpables de la tragedia de la línea 12 del metro de la CDMX.

        De ese colapso, con muertos y heridos, López Obrador ha dicho con tal de defender a sus actuales colaboradores y cómplices implicados: “Hay que hacer la revisión total de la línea 12, no se puede adelantar responsabilidades; yo respaldo el trabajo que realiza la jefa del gobierno de la CDMX Claudia Sheinbaum”.

        Y agregó de inmediato el presidente: “Rechazo la posibilidad de responsabilizar políticamente a algún funcionario, ya que si nos vamos a responsabilidad política yo podría decir, ¿quién era el presidente en ese entonces?”

        Démosle respuesta a su bribona pregunta.

        El presidente de México en ese entonces, cuando se construyó e inauguró esa línea dorada del metro, era Felipe Calderón Hinojosa.

        Pero esa obra no fue del gobierno federal, sino del gobierno de la CDMX a cargo de Marcelo Ebrard.

        El malévolo señalamiento presidencial exclusivamente pinta su mezquindad.

        Ni siquiera tendríamos que permitir que el presidente juzgara (ilegal y torpemente) a Marcelo en una de sus bobas mañaneras.

        Amlo viola la constitución cuando se pone a juzgar a las personas en su tribuna de juguete, además de ser inmoral al hacerlo.

        A Marcelo debe juzgársele bajo todos los procedimientos legales de nuestra carta magna, si es que hubiese elementos para configurar la existencia de un delito y la supuesta o real responsabilidad del inculpado.

        A Ebrard en base a las fallas de la construcción, y a Claudia Sheinbaum por igual, pero en base a la falta de mantenimiento de esa línea 12 durante el tiempo de su ejercicio gubernativo en la CDMX.

        Al parecer, Miguel Ángel Mancera no está relacionado con la construcción de esa línea 12, ni en su ejercicio gubernativo hubo fallas de graves consecuencias jurídicas; sin embargo, debe investigársele.

        Es claro que las constructoras participantes en esa obra pública tienen responsabilidad, y deben ser sujetas a juicio, sin linchamientos de ninguna especie, pero con estricta aplicación de la ley.

        Los niveles de responsabilidad son precisos.

        Que no nos vayan a salir con que sentencian (en este caso) a 60 años de prisión a dos albañiles, a tres obreros soldadores y al trabajador que apretó tornillos.

        No se le vaya a ocurrir al presidente hacer una consulta popular (con costo de cientos de millones de pesos) para que “el pueblo sabio” responda si es o no responsable de esa tragedia Felipe Calderón Hinojosa, como presidente en aquel entonces.

        Cuidemos que nadie sufra las torpezas de Amlo, avasallado por sus puntadas.

        Todo lo quiere, ahora, resolver con militares.

        ¿Resolverá los problemas del Metro, del gobierno de la CDMX, del Poder Judicial de la Federación, de la sucesión presidencial ya en marcha, también con las fuerzas armadas?


 

lunes, 14 de junio de 2021

 LOGOS

Amlo, eructando desatinos

NO SABE LEER LA REALIDAD

        Es bueno saber leer libros; y, claro, leerlos. Y es de excelencia saber leer la realidad, ejercitándose constantemente en su lectura.

        En México, hemos tenido presidentes que no saben leer ni los libros ni la realidad.

        Como muestra reciente tenemos al presidente Andrés Manuel López Obrador, quien con tono burlesco en relación con los resultados electorales dijo: “Nos fue tan mal, tan mal, tan mal, que el movimiento al que pertenezco obtuvo (de 15) 11 gubernaturas, y 185 curules en la cámara de diputados federal (de 300)”.

        Siendo cierto lo anterior, de ello Amlo desprende una equívoca lectura.

        La comprensión exacta (en números cerrados) es la siguiente:

        En 2018 hubo 90 millones enlistados en el padrón de votantes; en 2021 hubo 93 millones.

        En 2018 votaron 56 millones de ciudadanos; en 2021 votaron 47 millones.

        En 2018 Amlo (morena) tuvo 30 millones de votos a su favor; en 2021 morena (Amlo) lograron 16 millones de votos.

        Ahora, en 2021, Amlo y morena perdieron 14 millones de votos.

        Pero Amlo y morena con sus aliados (Verde, PT, etc.) lograron 24 millones de votos, en 2021.

        Mientras la oposición a Amlo y a morena (PAN, PRI y PRD) sumó 23 millones de votos, en la elección 2021.

        Esa marcada división entre los mexicanos la ha provocado López Obrador, tanto en la Ciudad de México como en el resto del país, 24 contra 23 votantes; mientras los 46 millones de ciudadanos restantes, enlistados, no manifestaron su voto, al abstenerse.

        Así de sencillo, así de peligroso para el propio presidente.

        Por eso Andrés Manuel sigue en enojo, y confundido. Sin atinar en sus lecturas, y eructando desatinos.

        A juicio del presidente: “Entre mayor es el nivel educativo, los mexicanos son más insensibles a mis propuestas de cambio… de la clase media baja hacia arriba hay una insensibilidad para los programas que propongo”.

        Así que, según las lecturas de López Obrador a la realidad nacional, los ignorantes y los pobres son sus aliados; mientras que los preparados educativamente y los de clase media baja hasta los ricos son sus enemigos, pues son “conservadores, hipócritas, racistas, y ambiciosos”.

        Con esa lectura, con esa lógica, la tarea de Andrés Manuel es hacer más pobres y más ignorantes a los mexicanos, para producir material humano “sensible” que aumente sus tropas electoreras, y sus votos.

        Sospechoso es que el presidente agradeciera al crimen organizado su buen comportamiento durante estas elecciones del 2021; y, en cambio, lanzara vituperios contra quienes él juzga son delincuentes de cuello blanco.

        Por otra parte, reveló Amlo su malicia al decirle a Kamala Harris “presidenta”, en lugar de “vicepresidenta”, en burla al presidente Biden; y nombrarla como “Kabala” (esotérico u oculto), para después explicar: “me camuqué”, que significa “engaño”.

        Parece que a Andrés Manuel no le funciona bien su cerebro, y menos su ética, ésta, peor que la de los neoliberales.

        No hace mucho afirmó: “Para no contagiarse de covid 19, sólo se requiere no mentir, no robar y no traicionar”. Y ¡sácatelas!, a los pocos días le pegó la pandemia.

        De esa forma probó él mismo, con su padecimiento, que miente, roba y traiciona.      

        “Hasta las piedras cambian”, acaba de afirmar el presidente, con ánimo indescifrable.

        Obvio que él no es una piedra, pero… muy difícil que cambie, pues expertos aseguran que “chango viejo no aprende maroma nueva”.

 


      

lunes, 7 de junio de 2021

 LOGOS

Aturdimiento electoral

PROFUNDA DEPRESIÓN ECONÓMICA

        No es fácil ganarle una elección a un presidente de la república mapache que tiene a su disposición más de 6 billones de pesos anuales, y que monta programas para dar maíz con gorgojo a ancianos, jóvenes y niños.

        Es difícil superar en una elección a un presidente mañoso que sínicamente viola la legislación electoral, metiéndose con descaro en el proceso electivo a favor de su partido y de sus candidatos.

        Con todo eso, en contra, el voto ciudadano puso límites al ejecutivo federal en estas elecciones del 2021.

        Los mexicanos unidos, y no divididos como Amlo desea, redoblaremos esfuerzos para frenar al autócrata, enemigo de la democracia.   

        Hace un año, cuatro meses y cinco días, que el presidente Andrés Manuel López Obrador en su pueblo natal les decía a sus paisanos: “Mi escudo protector es la conferencia la mañanera, y mi ángel de la guarda es el pueblo… esa es la estrategia. Eso es todo.

        Pero esos vecinos del municipio donde nació empezaron a silbarle y, abucheándole, le reprocharon que su táctica no les importaba para nada, ya que ellos exigían ayudas reales de programas útiles; echándole en cara que sus promesas de campaña estaban incumplidas.

        Entonces, Andrés Manuel le preguntó al presidente municipal (morenista) sobre los proyectos que el ejecutivo federal había autorizado; contestando el alcalde que no tenía información sobre ellos.

        “El pueblo” ahí reunido estalló su furor lanzando majaderías a los funcionarios que encabezaban la reunión.

        Con hábil maniobreo López Obrador desvió el embate de aquella masa enardecida en contra del nervioso edil, pero convirtiéndose en su defensor.

        Así manifestó: “Al presidente municipal hay que respetarlo. Si ustedes no lo respetan, yo dejo de hablar, y me retiro. Ya saben que soy terco”.

        Y como siguiera el gentío con sus agresivas protestas, Amlo contrariado se fue del lugar, aportando un caso más a esa vieja frase de que “nadie es profeta en su tierra”.

        Esa sentencia (para el caso) se refiere a su tierra chica, a su pequeño mundo, a ese reducido espacio de sus inicios; pero, también, aplica a todo México, para el actual presidente de la república.

        Por eso, millones de mexicanos al emitir nuestro voto el día de ayer, domingo 6 seis de junio del 2021, hemos enviado (al presidente Andrés Manuel) un mensaje similar al que le dieron hace más de dieciséis meses en Tepetitlán, Macuspana, Tabasco, y al que he hecho referencia.

        Claro que nos interesan informes presidenciales veraces, documentados, serios, legal y oficialmente rendidos ante el Congreso de la Unión; pero no nos interesan las “mañaneras como su escudo protector”.

        Los mexicanos deseamos trabajar en soluciones reales en vínculo con nuestros graves problemas; pero no somos “ángeles de la guarda” para ningún político, menos si es mentiroso.

        Lo electoral es importante, como una forma responsable de manifestar nuestra libertad frente a un poder público autocrático.

        Empero, lo urgente para el país es la profunda depresión económica que se nos viene encima.

        Y no creo que ninguna mañanera haga producir a México más y mejores bienes y servicios: alimentos, medicinas, zapatos, vestidos, casas, vías de comunicación, energía eléctrica, agua potable para seres humanos y agua para la agricultura y la ganadería, y muchos otros etcéteras.

        Ninguna mañanera generará mejor distribución de la riqueza ni superará las contradicciones que se agudizan en el desarrollo del sistema capitalista mundial y nacionalmente.

        La talentosa polaca Rosa Luxemburgo explicó científicamente, en síntesis, el segundo y el tercer tomo de El capital de Carlos Marx, y observaba que había jefes de Estado que “no tienen la más leve conciencia de las leyes económicas ni siquiera instinto de clase dominante”.

        Ese es el caso del actual presidente mexicano. ¡Qué lamentable!

 


lunes, 31 de mayo de 2021

 LOGOS

Frenemos al presidente

VOTAR CONTRA LO PEOR DE HOY

        Desde la presa La Angostura, en Chiapas, el presidente Andrés Manuel López Obrador mensajeó con espíritu angosto, cercano a la elección: “Contra viento y marea y aunque no le guste a The Economist, a los conservadores ni al sabiondo de Gabriel Zaid, la transformación pacífica, democrática y con dimensión social es imparable”.

        Como nadie puede parar lo que no existe, el presidente acierta. Lástima que escupa contra el viento desatado y la brava marea.

        Explicaré.

        Observen honrada y cuidadosamente a su derredor, ¿notan alguna transformación pacífica y democrática?

        En la salud popular, educación, política, economía, seguridad pública, en las calles, mercados, en el hogar, el gobierno, ¿notan alguna transformación pacífica y democrática?

        Por lo que a mí respecta, veo que todo sigue empeorando, con creciente violencia, con agravada pobreza, y sin transformación positiva a la vista.

        Por ello, nadie puede parar o detener una transformación que no existe.

        Los presidentes de México próximo anteriores fueron, a veces, buenos, mediocres, y malos; en ocasiones, con márgenes aceptables de honradez, raterillos, o escandalosos sinvergüenzas.

        ¡Pero ya pasaron!; ellos ya no están en el poder, ni siquiera están en la cárcel, como algunos lo merecían.

        El presidente actual, Andrés Manuel, no los ha denunciado ante la fiscalía, y no ha aportado pruebas contra ninguno de ellos, por lo que es cómplice de esos supuestos procesables.

        El próximo domingo 6 de junio, día de elección, sería bobo si votamos en contra de lo malo del pasado, más cuando el presente está peor.

        Mi voto será en contra de lo pésimo de ahora.

        Es el sentido del votar: calificar o descalificar a quien ejerce el poder el día de la elección.

        Nuestro deber es calificar al presidente Amlo, quien escogió a todos los actuales candidatos de morena, a capricho y a su antojo, tomados del cascajo, de la basura (al menos la mayoría), por ser el material humano del que dispone en su horizonte limitado.

        Dice Ifigenia Martínez, según versión de Porfirio Muñoz Ledo, que “el presidente sigue siendo de pueblo chico”.

        Los foros internacionales lo ofuscan, lo incomodan; en ellos teme hacer el ridículo y, en efecto, lo hace.

        Su único viaje al exterior fue a Washington, D.C., por disposición del presidente estadunidense Donald Trump; y, de inmediato, el presidente mexicano se puso al servicio del presidente gringo, dejándose usar como un ridículo objeto en la frustrada reelección de Donald.

        A López Obrador le aterra la crítica extranjera, sobre todo la de los medios de comunicación masiva.

        Recientemente The Economist le dedicó su portada, con una opinión severa de su ejercicio presidencial, y bajo el título: “El falso mesías mexicano”.

        De inmediato Amlo contestó a esa revista: “Majadera, grosera, mentirosa”.

        Tres calificativos que constantemente recibe, también, el presidente Andrés Manuel, por conductas no dignas del cargo que ostenta: “majadero, grosero, mentiroso”.

        Pero, de las cuatro palabras: “El falso mesías mexicano”, la única que le punzó fue la de “falso”, ya que las otras tres las hubiera agradecido: “El mesiánico mexicano”.

        Recuerda, estimado lector, cuando sus agachones y zalameros aplaudidores le calificaron: “Amlo es como dios”, “observen como resplandece su aureola de santo”, “todo en él es divino”.

        Y López Obrador, ante tan falsos guayabazos de sus lamebotas, calla y otorga.

        Así que para él la única ofensa fue: “falso”.

        Frenemos con nuestro voto al presidente Andrés Manuel López Obrador, sin destituirlo.

        Urge crearle contrapesos, para que no siga dividiendo a los mexicanos ni destruyendo al país.

 


lunes, 24 de mayo de 2021

 LOGOS

Amlo, despotismo iletrado

HACEDOR DE MUERTOS, HUERFANOS Y POBRES

        El comandante de las fuerzas armadas de México es, actualmente, el presidente Andrés Manuel López Obrador y, por ley, todos los integrantes de esas corporaciones le obedecen. ¡Tal es la disciplina!

        El almirante José Rafael Ojeda Durán funge como secretario de Marina, y él sólo dice lo que ordena el presidente, cuantimás si habla en la suprema tribuna de la nación: la mañanera.

        Así, recién aseveró el obediente almirante: “Parece ser que el enemigo lo tenemos en el poder judicial”; y, nervioso, esperó la orden para atacar.

        Sin tardanza, tanto la asociación de magistrados y jueces de distrito, federales, como el propio presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y del Consejo de la Judicatura, respondieron con exactitud jurídica y mesura ética.

        En el fondo, el problema no es entre la Secretaría de Marina y el Poder Judicial de la Federación; es un conflicto interno del propio presidente, quien practica una ambición desmedida y desquiciada de poder.

        Todos observamos, si somos honestos, que el presidente en funciones no ha podido ni con el poder ejecutivo; obvio, también carece de capacidad para manejar los dos poderes restantes.

        Enredado en su codicia, el presidente nos causa tristeza, decepción e intranquilidad; por esto, no votemos por él ni por ninguno de sus ciegos zombis.

        El Poder Judicial Federal no es perfecto, pero es más imperfecto el poder ejecutivo federal; y, ahora, el poder legislativo federal, en las ineptas manos del presidente del país, es desastroso.

        Dentro de las funciones del Poder Judicial Federal tenemos el juicio de amparo, las controversias constitucionales y las acciones de inconstitucionalidad, y para ejercer legal y debidamente esta atribuciones, el PJF requiere del pleno ejercicio de la soberanía que tiene a su encargo.

        La soberanía nacional reside esencial y originalmente en el pueblo, y el pueblo ejerce su soberanía por medio de los tres poderes de la unión; cada uno dentro de sus atribuciones constitucionales.

        El artículo 49 de nuestra Carta Magna es muy claro: “… No podrán reunirse dos o más de estos poderes en una sola persona”.

        Si el presidente López Obrador no quiere cumplir con la Carta Magna, y la quiere mandar “al carajo”, frenémoslo con nuestro voto, para que respete el ejercicio soberano de los otros dos poderes.

        Los autócratas del siglo XX fueron: Hitler, Mussolini, Hirohito y Stalin. El Estado era cada uno de ellos, en su respectiva nación.

        Nada ni nadie los frenaba, pues el derecho lo imponían ellos a su personal conveniencia.

        En el México de ahora necesitamos luchar por la exacta vigencia y positividad de los Derechos Humanos y sus Garantías.

        Nuestro Poder Judicial Federal tiene a su cargo no permitir la violación de esos garantizados derechos, frente a todas las autoridades violadores de esas facultades fundamentales, sea el transgresor el presidente o el secretario de Marina y, con mayor razón, si el violador de derechos humanos garantidos es el crimen organizado, protegido por quien les promete abrazos y besos.

        Ese amoroso presidente mexicano, con su autoritarismo macuspano, se ha convertido en el gran hacedor de muertos, viudas, huérfanos y pobres.

        El 6 de junio próximo, todos a salir a votar contra de ese despotismo iletrado, y sus pésimas consecuencias.

 


lunes, 17 de mayo de 2021

 LOGOS

Compra de votos

MONOPOLIO DEL PRESIDENTE

        Cada día que pasa, los adversarios del presidente tienen más razones para criticarlo.

        Y entre más avanza el sexenio del obradorato, sus ciegos seguidores exhiben más su bajeza al elogiarlo.

        El desgaste en el ejercicio del poder es natural, pero Andrés Manuel se ha encargado de acelerar su propio desprestigio.

        Ahora, en su palaciego escaparate cotidiano de alcance nacional, confiesa el presidente López Obrador: “claro que estoy metiendo las manos en las elecciones”, a sabiendas, supongo, que conoce las penas para los delincuentes electorales.

        Pero abusa de su poder el ejecutivo federal. No ignora que su partido (morena) puede perder las próximas elecciones. Calcula costo beneficio, y opta por violar la legislación electoral para no hundirse, introduciendo sus mañas e influencia en los próximos comicios.

        El presidente sigue teniendo fuero, aunque lo niegue mentirosamente López Obrador.

        Para que se proceda en contra del presidente, son necesarios los votos de las dos terceras partes de los senadores presentes en sesión, conforme al artículo 111 constitucional. En esto consiste parte de su fuero.

        Y el artículo 355 del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales sólo da para que se le integre un expediente, se remita a su superior (y al no tener él superior), se turne el caso a la Auditoría Superior de la Federación, institución, al parecer, a su servicio.

        Mientras que el Código Penal Federal, en sus artículos 212, 401 y 417, no tipifica esa turbia e inmoral conducta del presidente con la exactitud que exige el 14 constitucional, en materia penal.

        ¿Qué más queda?

        Salir todos a votar en legítima defensa el domingo 6 de junio del año que transcurre, contra el autoritarismo presidencial.

        El presidente de la república sigue alocada e ilícitamente atacando a los candidatos y partidos políticos opositores que les nota posibilidades de triunfo, o a los gobernadores que se le resisten.

        No se lanza en contra de sus candidatos ni de su partido ni de sus gobernadores, quienes también llevan a cabo las mismas tácticas electorales del mercantilismo en boga.

        Y lo más grave es que el presidente ha venido haciendo algo similar, pero en grande, más sucio y recriminable: regalar apoyos a adultos mayores, becas a niños y jóvenes, y sueldos a servidores o vividores de la nación, comprando electoralmente, así, la voluntad de muchos necesitados.

        A esos necesitados les sugiero gastar bien el dinero de nuestros impuestos; pero, se sentirán mejor si votan en contra del presidente corruptivo.

        López Obrador no quiere competencia. Decidió, con el dinero del erario, comprar votos; y, en ello, él quiere tener el monopolio.

        En cambio, los mexicanos estamos en contra de la compra de votos, comenzando por la ilícita adquisición del sufragio efectuada por el presidente Andrés Manuel López Obrador.

        Esa táctica electoral lo convierte en el primer corruptor del país.

        Cada administración presidencial tiene y despliega su propia corrupción.

        Le ha dado por señalar, al actual presidente, que él no es igual a sus antecesores; y relativamente tiene razón, ya que la corrupción tiene muchos nombres, rostros, lenguajes, niveles, características, tiempos y circunstancias.

        El senador Monreal denuncia un embate al presidente AMLO; y no es así. López Obrador se embate, solo, a sí mismo. 

        Mal cita Andrés Manuel al Nuevo Testamento: “Ni tampoco echen el vino nuevo en pellejos viejos, porque si esto se hace revienta el pellejo, y el vino se derrama y se pierde”. Mateo 9, 17.

        Y aplicado ese evangelio, en el caso concreto del presidente López Obrador, sus palabras y sus actos son muy viejos y, él, está muy distante de ser pellejo nuevo.

 


lunes, 10 de mayo de 2021

 LOGOS

Agitan al hormiguero

EMBRUTECIDOS POR EL ODIO

        Carece de madurez el presidente de México y, por desgracia, no es sensato.

        Esas deficiencias afectan a sus mejores propósitos, y apremian a que todo se le derrumbe, en su derredor y en su contra.

        El arquitecto Salvador García Espinosa recordó a detalle, en su columna Urbanópolis, el trágico desplome del colegio ubicado en Tlalpan, en donde en 2017 la delegada Claudia Sheinbaum, hoy jefa del gobierno de la Ciudad de México, fue protagonista.

        En ese entonces no se localizaba a la directora del plantel en derrumbe, y Sheinbaum ofreció cinco millones de pesos a quien diera información del paradero de esa directora responsable.

        Semanas después se le detuvo. No era ella la única culpable de la mala construcción del edificio. En gran parte, había responsabilidad del gobierno de la CDMX, por incumplir su deber de aplicar, en construcciones privadas, la reglamentación legal correspondiente.

        Hoy el caso del metro, en la línea 12, es obra pública edificada por el gobierno y bajo su encargo el mantenimiento, la culpa es totalmente de los funcionarios a cargo de lo construido, y de los funcionarios con atribuciones para su mantenimiento.

        Los supuestos irresponsables, a la vista, son Marcelo Ebrard, Mario Delgado, Florencia Serranía y Claudia Sheinbaum, y los cuatro, demasiado cercanos al presidente.

        Para buscar a los culpables de esa dolorosa tragedia en el metro, ya ninguna autoridad ofrece cinco millones de pesos a quién dé informes de su localización.

        La ciudadanía los tiene bien ubicados, por más que el presidente instrumente un pronto olvido.

        26 homicidios, 80 lesionados y 1 desaparecido; los mismos funcionarios hitos al presidente; y, las mismas compañías constructoras del tren maya y refinería de Dos Bocas.

        El embudo presidencial es burdo y palurdo.

        Toda la culpa para los enemigos del presidente; y el perdón y la disculpa para sus parientes, cuates y colaboradores.

        Ni para eso es discreto y mesurado. El escándalo y lo grotesco es lo suyo.

        Mortifica a los mexicanos observar que el ejecutivo federal,  desde su atril presidencial (de cada mañana), juzgue y condene sumarísimamente al empresario Claudio X. González como “traidor a la patria”, sin darle derecho a audiencia, y careciendo de facultades judiciales para condenarlo.

        Invito al presidente, y a todos, a leer el artículo 123 del Código Penal Federal, su primer párrafo y sus XV fracciones, en donde se tipifica la “Traición a la patria”, para que nos demos cuenta del ridículo que hace Andrés Manuel López Obrador al aplicar este precepto, con independencia de que estemos o no de acuerdo con ese señor X, tan absurdamente enjuiciado.

        El odio embrutece; y aunque el presidente asegure que él no odia, todo en su rostro, en sus manos, en sus ojos, en sus palabras y acciones, trasuda rencor, y agita al hormiguero.

        ¿Que por qué no fue el presidente de México al lugar del desastre de la línea 12 del metro?

        A eso contestó: “Al carajo el estilo demagógico”.

        ¡Por fin!, qué bueno que el presidente se cansó de traer esa careta de demagogo.

 


lunes, 3 de mayo de 2021

 LOGOS

Educación para todos

INCLUYENDO AL PRESIDENTE

        Ojalá y exclusivamente la Secretaría de Educación Pública estuviera en deterioro.

        La realidad, a fondo, es lamentable. Lo que está en descomposición es todo el fenómeno educativo de México.   

        Claro que los fenómenos sociales de nuestro país (como los de todas las naciones del mundo) son partes de un todo.

        Si nuestra economía, salud, seguridad pública, ética, derecho, política, relaciones laborales, religiones, cultura,  andan mal y reprueban, nuestra educación está por los suelos, o abajo de ellos.

        No olvidemos que la educación, entre muchas otras misiones, informa y forma conciencias humanas, ante la circunstancia que nos rodea, y frente a nuestro propio sistema nervioso central.

        Hablar de la educación, por ende, es tratar de un tema superior, que consterna verlo en quiebra, y por lo que no podemos quedarnos impasibles.

        El gravísimo desorden educativo tiene variedad de causas, antiguas y nuevas, no todas a la vista, pero la mayoría, agravadas por el autoritarismo e ignorancia del actual presidente de México.

        Citaré algunos motivos: la pandemia del corona virus, los diez millones más de pobres generados de dos años a la fecha, las equívocas y cambiantes políticas en la enseñanza aprendizaje, la insensatez dominante de no precisar, en la práctica, los fines, los medios, la rectoría, los instrumentos, la calidad, la cantidad, lo laboral, lo pedagógico, la investigación, los conocimientos, las evaluaciones, y otras pequeñas cosillas que estructuran un sistema educativo.

        En nuestro pasado hemos tenido, en el poder, excelentes equipos de educadores; por ejemplo, los encabezados por Justo Sierra, José Vasconcelos, o Jaime Torres Bodet.

        Ahora en la Secretaría de Educación Pública está, simplemente, Delfina Gómez Álvarez.

        Y no se observa ni teórica ni prácticamente ningún plan, ni programas ni proyectos, para resolver los problemas educativos que nos deja el covid-19, pandemia que agregó nuevas dificultades a la educación, aparte de agudizar las ya existentes.

        No desconozco, y admiro, el esfuerzo de auténticos educadores que por decenas de miles existen en el México actual. Ellas y ellos son los que han salvado algo del naufragio.

        Pero también padecemos decenas de miles de vividores de la educación; y gran parte de las autoridades educativas, encabezadas por el presidente, acaudillan a estos charlatanes.

        Las familias sanas y los maestros serios encuentran en los hogares, en las escuelas, en los barrios, en las calles, en las conductas de los poderosos y en los medios de comunicación masiva, una pudiente contraparte.

        Los niños, los adolescentes, los jóvenes y los adultos, tienen mirando notas sobre crimen organizado, asesinatos, robos, mentiras, lesiones, fraudes, traiciones, estupros, violaciones, feminicidios, secuestros, corrupción y violencia generalizada, en todas las horas de su día, durante todos los años de su existencia.

        Todo retroalimenta a todo.

        Y el gobierno mexicano no entiende nuestra degradación imperante. Sólo busca saciar su odio en contra de expresidentes, conservadores y neoliberales, pero ni eso hace bien, pues nadie está en la cárcel por ello.

        Los funcionarios públicos siguen delinquiendo, aprovechándose de la ignorancia de la masa.

        El naturalista inglés Charles Darwin (1809-1882) lo explicó en su libro La descendencia del hombre: “… con frecuencia la ignorancia engendra más ilusión que el conocimiento…”

        Cierto, la ignorancia de un presidente y de su masa humana nos hace mucho daño, nos arroja a una ilusión sin base ni futuro: nos frustra.

        Tenemos por delante una labor inmensa, pero urge educar a todos, incluyendo al presidente.