LOGOS
¡Más claro ni el agua!
ETERNA DICTADURA OBRADORISTA
Groenlandia es territorio danés
desde 1721. Su población es una mezcla de inuit del Polo Norte y vikingos de la
región Escandinava; y, geográficamente, por ninguna parte colinda con los
Estados Unidos de América, constituyendo, además, por topografía, el lado
noroeste del continente europeo.
La superficie territorial de
Groenlandia es de 2,166.000 kilómetros cuadrados; un poco más grande que el
territorio de México.
Pero su población es de 57 mil
habitantes, como el total de los pobladores de la tenencia de Santa María de
Guido de la Ciudad de Morelia, Michoacán.
Su principal ingreso es la pesca,
pero su potencial minero es atractivo: oro, plata, galio, zinc, plomo,
germanio, tierras raras, cadmio, zirconio, uranio y petróleo.
Siendo su capital Nuuk, EUA
considera estratégica a Groenlandia por motivos de guerra. Desde 1941 los
estadunidenses patrullaron las costas de esta enorme isla; y en 1953 montaron
la base militar Pituffik, que casi estuvo abandonada hasta 2025.
Desde hace un año el presidente
Donald Trump decidió, en forma brutal y con clara procacidad, que, por
compraventa o por la fuerza, esa Isla del Tesoro llamada Groenlandia ya es
territorio estadunidense, y que él debe mandar ahí.
Varios países europeos (Francia,
Alemania, Suecia, Noruega, Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte,
y Dinamarca) están enviando pequeños y simbólicos contingentes militares en
“misión de reconocimiento”, y con la aprobación de la OTAN.
Además, con tacto fino de alta
diplomacia, el jefe del Mando Conjunto del Ártico, el General de División Soren
Andersen, aseveró: “Nuestro objetivo no es EUA, en absoluto. Nuestro objetivo
es Rusia, y esta isla de Ártico forma parte del Reino de Dinamarca. La
seguridad de los EUA, como la seguridad de todos nuestros aliados, la
garantizamos nosotros, conjuntamente con la Organización del Tratado del
Atlántico Norte (OTAN). Nuestras funciones son contrarrestar toda posibilidad
de actividad bélica de Rusia, y defender de amenazas, en todos los órdenes, a
las naciones amigas. El pueblo de los EUA así lo entiende, y observa nuestra
responsabilidad eficaz en torno a Groenlandia y a las Islas Feroe, en donde
llevamos a cabo continuas misiones de vigilancia, de búsqueda, y de rescate,
utilizando patrullas, aviones, barcos, helicópteros y moderna tecnología por
satélites.”
Frente a un alocado en descontrol
(como Trump), siempre habrá gente sensata (como Soren Andersen).
El Derecho Internacional Público
moderno se desplanta con los textos del fraile dominico español Francisco
Vitoria (1483-1546). Este renacentista maestro de Salamanca no editó sus obras,
sino que dejó un sinnúmero de apuntes que algunos de sus alumnos auxiliaron a
editar, como “De Indis”, “Justos Títulos”, “De Jure Belli”, entre muchos otros.
A partir de Vitoria encontramos una
pléyade de juristas dedicados al Derecho Internacional Público, en donde han
destacado: Hans Joachim Morgenthau, Sergio García Ramírez, Catherine Prati
Rousselet, Ingrid Brena Sesma, Patricia Jurczyn Villalobos, entre otros; y
conforme a sus tesis, todos estos juristas descalificarían la fuerza ambiciosa
y bestial de Trump.
Esa voracidad, atroz, también los
mexicanos la padecemos dentro de nuestro territorio.
Trump tiene doblegado al gobierno
mexicano; no igual, pero, sí, semejante a como ha sometido al gobierno
venezolano.
En Venezuela, dejó de presidente a
Delcy Rodríguez, quien en su retórica está a favor de Maduro; exalta al pueblo
y presume un socialismo, inexistente, pero en la realidad es una marioneta de
Trump, y hace todo lo que éste le ordena.
México sufre del mismo mal, y
tenemos a nuestra Delcy Sheinbaum, quien no se cansa de repetir: “Con EU nos
coordinamos, con ellos colaboramos, pero nunca nos subordinamos. Somos un país
soberano. El pueblo está con nosotros.”
Trump tiene en su puño a Obrador y
a Sheinbaum, y no le parece que éstos estén colaborando con los narcos, y al
mismo tiempo se subordinen a Trump, pensando que, así, engañan a todos.
La dictadura mexicana,
internamente, ya concentró todo el poder, y pretende conservarlo a perpetuidad,
mintiendo, también, a todos.
La Administración Federal de
Aviación Mexicana reconoce que hay constantes vuelos militares de EUA en
México. La presidente Sheinbaum asegura que no existen estos vuelos, y que
vivimos en una democracia plena.
A Trump nada le importa la
democracia de México, y sabe que Obrador y Sheinbaum son unos mentirosos, con
aspiración a dictadores eternos; pero Trump sólo pretende adueñarse de los
mejores negocios que nuestro país, incluyendo el trasiego de drogas.
¡Más claro ni el agua!
¿Qué hacer?, por nuestra parte.
Inspirándonos en la inteligencia
diplomática de un Soren Andersen, hagamos valer la aplicación del Derecho
Internacional Público ante los Tribunales Internacionales; y, organizándonos
internamente, demos la batalla tierra adentro.
