LOGOS
Nobel
de la Paz
LAS
SOMBRAS DEL PODER
Alfredo Nobel
(1833-1896), científico y empresario exitoso de origen sueco, inventor de la
dinamita e impulsor de la guerra, a quien llamaban sus contemporáneos “mercader
de la muerte”, estableció en su testamento los Premios Nobel con una cantidad
de 31 millones de coronas suecas de finales del siglo XIX, lo que hoy equivale
a 1700 millones de coronas suecas.
Esos Premios Nobel, por
ende, tienen una raíz bélica, siendo ahora, ¿quién lo dijera?, los máximos
trofeos que los humanos entregan (para galardonar) a personas que contribuyan
significativamente, entre otras disciplinas: en medicina, física, química, literatura
y en la paz.
El olor a dinamita de
ese dinero se ha diluido, en la gloria que transpiran esos laureles del Nobel.
Ese curioso fenómeno
histórico es, y seguirá siendo, la magia de las sombras del poder.
Donald Trump,
presidente de los EU, presentía encabezar a los candidatos para la obtención
del Premio Nobel de la Paz 2025. Presionó mucho a la Academia Noruega.
Probó haber resuelto 8
guerras, en lo que va de su presente mandato; claro, ocultando sus sucias
maniobras en los orígenes de esas beligerancias, y encubriendo su desmedida
ambición personal en la mecánica de sus soluciones.
En esa conducta de
Trump, otra vez, las sombras del poder asoman sus orejas.
Pero… el Premio Nobel
de la Paz 2025 se otorgó a María Corina Machado Parisca, quien es ingeniera
industrial y profesora venezolana de 58 años, y quien desde el 2002 inició sus
actividades políticas, en muy diversos cargos de elección popular.
Se confrontó con Hugo
Chávez; y siguió luchando en contra de Nicolás Maduro, cuando éste para
gobernar hablaba con un pajarito.
Todas las elecciones se
las ha ganado a Maduro, claramente y ante la mirada mundial. Ha sufrido
persecuciones, inhabilitaciones, detenciones, y la han humillado de manera
variada.
Víctima de todas las
sombras del poder venezolano, logró Corina Machado, a través de postular a la
presidencia de Venezuela a Edmundo González Urrutia, más del 90% de los votos
emitidos, según las actas de casillas, y bajo la actitud inmadura de Maduro de
desaparecer todo el papeleo electoral.
La mayor parte de los
gobiernos latinoamericanos, incluyendo a los amigos de maduro, le aconsejaron
que probara, con actas de casillas, su triunfo presidencial; lo que, hasta la
fecha, no ha podido demostrar.
Así que la obtención
del Premio Nobel de la Paz 2025 es una carambola de tres bandas que supo
ejecutar la Academia de Noruega.
Satisface
indirectamente al presidente Trump. Remueve y fortalece a una
oposición venezolana humillada por el poder tiránico. Alienta a una democracia
liberal predominante, en el mundo occidental, que aún no agota sus
posibilidades de desarrollo, a pesar de las torpezas de un gobierno gringo que
sigue cerrado, literalmente cerrado.
Tan cerrado como el binomio cómplice de
Sheinbaum-López, quienes no son expresiones matemáticas, pero sí imposiciones
políticas fraudulentas.
Mentirosos y corruptos por todos sus flancos.
Daré un solo ejemplo de ello.
Aseguró la presidente formal que en su primer
informe asistieron al Zócalo de la CDMX 400 mil simpatizantes, cuando todo el
espacio ocupable de ese zoco llega apenas a 46 mil metros cuadrados, de pared a
pared en ese rectángulo.
Tres personas físicas colocadas en un metro
cuadrado, se ahogarían entre sí, en esos 46 mil metros cuadrados; y, a lo
máximo, sumarían 138 mil individuos, y no 400 mil.
Así que, para tener ahí, en ese zócalo 400 mil
acarreados, se necesitaría un segundo piso, y parte de un tercer piso.
¡Ah!, como gozan mintiendo.
Si hubiera el premio nobel de la mentira y de
la corrupción, sin duda alguna, los compinches Sheinbaum-López serían los
ganadores.
Bajo las sombras del poder se sigue encubriendo
esa parejita presidencial.
O, para colmo, todos los seguidores de Maduro,
ahora propagan que quien debe recibir el Nobel de la Paz es Nicolás Maduro; el
descaro impúdico suele surgir de las miasmas sombreadas por el poder maligno.
